Nación

Cautela entre Panamá y EU se debe a los "agitadores"


Washington.- Cuando Panamá celebró el retorno del Canal y la salida de los últimos efectivos militares de Estados Unidos de su territorio, funcionarios de ambos gobiernos rutinariamente aseveraban que las relaciones entre los dos países seguirían su curso normal de "amistad y cooperación".
Esa fue la conclusión que sacó el presidente Bill Clinton tras una reunión en la Casa Blanca con la presidente Mireya Moscoso unos dos meses antes de la ceremonia formal de la devolución de la vía interoceánica cuando vaticinó una "continua relación cordial".
Más aun, el cierre de las bases y la transferencia de los cargos ejecutivos del Canal a panameños se había iniciado poco después de la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1997, por lo que funcionarios de los dos gobiernos insistieron constantemente que la transición se llevaba a cabo ordenadamente y sin sobresaltos.
Y así fue a nivel oficial y formal. Pero esta semblanza de cordura no necesariamente se filtraba a los niveles políticos o populares de ambos países.
En el Congreso de Estados Unidos así como en el político panameño existían elementos revanchistas y nacionalistas que trataron de agitar un debate nacional, ya sea sobre el futuro de la base aérea de Howard como un centro de entrenamiento antidrogas, como encarar el problema de los polígonos de tiro, la seguridad del Canal.
Aunque estos problemas no produjeron ninguna crisis seria en las relaciones diplomáticas, y menos aun en las comerciales, tuvieron un efecto secundario, reconocieron fuentes diplomáticas y estudiosos de las relaciones interamericanas en conversaciones con este corresponsal.
"Tanto el nuevo gobierno panameño, así como nuestra Casa Blanca que enfrenta un año electoral, adoptaron posiciones de suprema cautela para no crear ninguna situación que pueda ser aprovechada por los agitadores tanto aquí como allá," dijo recientemente un alto funcionario que estuvo directamente involucrado en el proceso de la transición.
El resultado fue meses de inercia diplomática, creada en parte por lo que en Washington se consideró fue la incertidumbre del gobierno panameño de cómo proceder en concertar una "nueva definición" de las relaciones.
Pero observadores diplomáticos en esta capital consideran que a esto había que añadir una crónica desatención por parte del gobierno de Clinton no sólo hacia Panamá sino ante los problemas del hemisferio en general, con excepción quizás de Colombia por su precaria situación interna creada por la guerrilla y el narcotráfico.
"Hace poco paso de querer enfatizar las relaciones con Africa a lograr la paz en el Oriente Medio, pero esta semana le ha puesto todo corazón a que el Congreso le abra las puertas al comercio con China," ironizó una fuente. "En lo que corresponde a política exterior nuestro presidente puede hacer sólo una cosa a la vez".
No obstante, varios funcionarios consultados por este corresponsal coincidieron la reanudación de las conversaciones bilaterales sobre un apoyo que Estados Unidos pueda proveer a los planes de seguridad y desarrollo social elaborados por el gobierno panameño indican que se esta superando la etapa que un observador calificó de "minuetos diplomáticos" pare entrar en intercambios de más substancia.
"Estamos muy satisfechos con lo logrado en las conversaciones en Panamá; creemos que las conversaciones están bien encaminadas", dijo un funcionario del departamento de Estado, que durante meses se había pronunciado con algún escepticismo sobre el curso de las relaciones bilaterales.
Nadie duda de que a esta reacción más positiva contribuyó el acuerdo entre el gobierno de la presidenta Moscoso y la oposición en los temas de la seguridad de las fronteras y del Canal, de tal modo que en las recientes gestiones Panamá pudo poner en la mesa proyectos que podrán contar con el apoyo del poder legislativo.
Llamo la atención aquí de que ni bien regresaron los dos grupos de trabajo de Panamá el fin de semana que mañana el departamento de Estado envía una nutrida delegación a una conferencia en Panamá sobre desarrollo sostenido de la región ístmica.
La delegación será presidida por el embajador John Loy, subsecretario de Estado para Asuntos Globales, que será el diplomático de mayor rango que viajará a Panamá desde la breve visita de cortesía de la secretaria Madeleine Albright a comienzos del año.
Loy tiene a su cargo no sólo la tarea de armonizar el desarrollo económico con la protección del medio ambiente sino también vigila cuestiones de los derechos humanos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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