Nación

Caza deportiva en Panamá, la verdad anda volando

Los cazadores deportivos acusan a la ANAM de querer culparlos de la destrucción ecológica del país.


A alguien se le están escapando tiros en la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). Mientras funcionarios de esta entidad aseguran que los permisos para la caza deportiva están suspendidos desde el año 2000, hay documentos que revelan que estas autorizaciones se han seguido otorgando.
Ricardo Rivera, director nacional de Patrimonio Nacional de la ANAM, aseguró que los permisos están suspendidos desde el año 2000, amparado en el artículo 38 de la Ley 24 de 1995 sobre Vida Silvestre.
No obstante, El Panamá América logró obtener copias de permisos de cacería emitidos por la dirección regional de la provincia de Chiriquí, los días 21 de febrero, 12 de marzo y 23 de marzo de 2003, lo que evidencia que algo irregular está sucediendo en esa institución.
Los permisos a los que tuvo acceso este medio tienen un costo de B/.15.00 por cada cazador y con una duración de cuatro días aproximadamente en regiones como Boquete y Volcán. Interrogado al respecto, Rivera respondió que "hay mucha especulación... lo cierto es que la actividad de caza ha sido suspendida desde el año 2000."
Según Rivera, la ANAM está por iniciar en septiembre próximo un estudio sobre los cotos de caza en Panamá, lo que va a permitir, por primera vez, a partir de una información científica y veraz, poder conocer la abundancia o escasez de algunas especies y de eso dependerá la reanudación de los permisos para la cacería deportiva. Explicó que el estudio permitirá garantizar que los permisos de extracción que se otorguen no comprometan ni pongan en peligro la reproducción y generación de las especies.
Manifestó que para marzo del próximo año se tiene programado conocer la realidad de los cotos de caza que hay en el país, los cuales se adelantan a través de conversaciones con los grupos de cacería deportiva legalmente inscritos en el país. Precisó que en el estudio participan grupos organizados de cazadores de las provincias centrales, Panamá Este y Chiriquí.
De acuerdo con Rivera, si la cacería deportiva no está respaldada por un diagnóstico científico serio, se puede convertir, a mediano plazo, en un factor que merme los ecosistemas y afecte la capacidad de reproducción y supervivencia de determinadas especies.
Por ejemplo, mencionó el caso del venado de cola blanca, que es una especie en peligro de extinción y que su caza está prohibida por leyes de la república, empero, aún así, existen cazadores que solicitan permisos para cazar esta especie bajo protección legal.
Rivera indicó que la cacería de animales regulada en la ley de vida silvestre, como la caza científica, la de control y la de subsistencia, que se otorgan a grupos indígenas dentro de las comarcas, están funcionando normalmente, por lo que únicamente falta regular la caza deportiva.
Pero cazadores deportivos de la región de Chiriquí señalaron que la ANAM quiere desviar la atención nacional de lo que realmente está pasando con la destrucción del medio ambiente en el país, culpándolos de ser responsables por la destrucción ecológica nacional.
Según las fuentes consultadas, la ANAM explota ante los medios de comunicación un caso aislado de cazadores deportivos, como si fueran los destructores de todo el sistema ecológico. Manifestaron que la cacería deportiva no afecta al sistema ecológico al nivel que lo están haciendo con la deforestación de árboles en Darién, Bocas del Toro, Sorá, Boquete, Cerro Punta y Volcán. Según los quejosos, la cacería deportiva constituye un potencial turístico para el país y deja muchos beneficios económicos en los pueblos a donde llegan los cazadores.
Explicaron que los beneficios económicos incluyen compra de ropa especial, armas, municiones, alquileres de autos doble tracción, botas, sombreros, compra de alimentos y hospedajes en hoteles.
"Se benefician desde los billeteros del pueblo hasta las heladerías", comentaron. Con respecto al estudio de cotos de caza que adelanta la ANAM, advirtieron que desde el año pasado organismos internacionales donaron a la institución los recursos económicos para realizarlo y aún la entidad no lo presenta al país.
Indicaron que la suspensión de los permisos de cacería por el tiempo que se prolongue el estudio es una excusa sin razón, porque la ANAM no tiene la cantidad de funcionarios necesarios para realizar ese estudio de especies en todo el territorio nacional. Los cazadores manifestaron que el estudio jamás podrá determinar la cantidad de especies que existen, como la torcaza que es un ave migratoria y que está en Panamá por pocos meses para luego viajar hacia las áreas rocosas del noroeste de Estados Unidos, de donde es originaria.
Manifestaron que la torcaza no está en la lista de peligro de extinción en Estados Unidos y, sin embargo, en Panamá quieren prohibir su caza. De acuerdo con los consultados, la decisión de la ANAM de suspender los permisos de la cacería no tiene justificación científica con respecto a muchas especies.
  • Caza: Es la búsqueda, persecución, acecho, acoso, captura o aprehensión de animales silvestres vivos o muertos, así como la recolección de productos derivados.

  • Caza científica: Es la caza realizada con fines de enseñanza e investigación científica.

  • Caza deportiva: Es la caza realizada en forma lícita, con fines recreativos y sin interés de lucro.

  • Casa comercial: Es la que se realiza para obtener beneficios de lucro con el producto obtenido.

  • Caza de control: Es la que se realiza para regular las poblaciones de animales silvestres que ocasionan daño en forma eventual o permanente. Este tipo de caza únicamente podrá ser ejecutada y/o autorizada por la autoridad competente.

  • Caza de subsistencia: Es la que se efectúa para satisfacer necesidades alimenticias de personas de escasos recursos económicos en áreas rurales, para el consumo directo, sin que medie contraprestación económica.


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120591
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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