A partir de hoy, Puerto Armuelles cierra una página de su historia que fue de bonanza en una época y que posteriormente terminó en una crisis social nunca esperaba.
La trasnacional bananera Chiquita se va de este poblado chiricano al culminar hoy el contrato de exclusividad para comercializar el producto con la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR), con cinco años de anticipación.
Ahora la población de esta parte del distrito de Barú, inicia otra era marcada por la expectativa de si regresarán los buenos tiempos - con el negocio en manos de los trabajadores- o se agravará el desempleo y la pobreza.
El problema que enfrenta la cooperativa es grande, al punto que todavía sigue intervenida administrativamente por el Estado debido a las deudas.
Sin embargo, la esperanza vive en muchos corazones porteños de que si no llegan las riquezas, por lo menos la economía se activará para poder obtener ingresos que le permita a la gente joven cubrir sus necesidades.
Reseña.
La decisión de acabar la relación con la empresa se toma, luego de cinco años de lucha continua por parte de los trabajadores quienes expresaron a dos gobiernos la necesidad de cambiar el contrato que suscribió hace unos cinco años. Según ellos, no daba oportunidad de salir adelante, por el precio de B/. 5.25 que recibían por cada caja de banano.
Todo comenzó cuando una plaga de sigatoka negra atacó a las plantaciones en el 2003, teniendo los trabajadores que asumir las pérdidas que alcanzaban los cuatro millones de dólares.
Los obreros consideraron que no les quedaba otro camino y se organizaron para una serie de jornadas de protestas, donde cerraron la frontera de Paso Canoas, formaron un piqueteo frente a la Embajada de Estados Unidos y por último, regalaron las cajas de banano.
Con esto llamaron la atención del gobierno de turno, por considerar que la industria bananera en Puerto Armuelles estaba a punto de desaparecer por un mal contrato.
El dirigente sindical Salustiano De Gracia y un equipo de trabajadores insistieron tanto que el problema era el contrato de compra y venta de bananos.
Con la instalación de una Comisión Gubernamental para a llegar a un acuerdo con la empresa las cosas cambiaron. Al frente estaba el ministro del MIDA Guillermo Salazar quien en menos de seis meses resolvió un problema que venía con un arrastre de cuatro años.
Reto.
Desde hace semanas la cooperativa está prácticamente operando sin ayuda. Los propios trabajadores son los encargados de comercializar el banano para la exportación.
Incluso ya ha hecho varias subastas internacionales para vender por adelantado toda la cosecha del año.
Es un reto que tienen, porque deben demostrar que pueden salir adelante y darle tranquilidad a los trabajadores y a la población.