Mauro Velocci, ex amigo del polémico Valter Lavitola, fue un personaje muy particular mientras estuvo en Panamá buscando negocios con el Gobierno.
Corte de cabello rapado, uso diario de pantalones amarillos y rojos, y su supuesta adicción a las drogas y a las prostitutas de las calles, fueron parte de sus vivencias en el país.
Para el chofer que le dio servicio durante 15 meses, Antonio Santoya, no existen dudas de la adicción de Velocci por las drogas.
Santoya habló hoy en exclusiva con Panamá América sobre su relación con Velocci quien finalmente terminó estafándolo con mil 500 dólares que le había pedido prestado antes de irse a Italia.
Velocci ni siquiera tenía automóvil particular, contrató a Santoya con todo su taxi, un Toyota Yaris Advance, en el que asistió a todas las reuniones en el Ministerio de Gobierno para tratar de negociar un contrato para la construcción de cuatro cárceles modulares por 176 millones de dólares.
Según publicaciones en Italia, Svemark supuestamente habría pagado sobornos a funcionarios panameños. Pero detrás de los argumentos de Velocci, se esconde una figura que es la antítesis de lo que es un hombre de negocios.Santoya narró ayer a Panamá América cómo fueron esos 15 meses de trabajo con Velocci.
Incluso dijo que llegó a tenerle miedo al supuesto empresario italiano que intentó de hacerse de un negocio de 176 millones de dólares con el Estado. “Se drogaba en mi carro para ir a las reuniones en el Ministerio de Gobierno”, dijo ayer en una entrevista Antonio Santoya, el chofer del ex presidente de la empresa Svemark, Mauro Velocci.
El chofer señaló que Velocci trabajaba en su propia residencia en avenida Balboa, edificio Bay Front apartamento 9-08, donde siempre que llegaba a buscarlo veía droga en la mesa central de la sala.
Incluso Santoya sostiene que no sabía qué hacer para pedirle que no consumiera droga en su taxi. “Así drogado lo dejaba siempre en el Ministerio de Gobierno. Después en la noche me pedía que lo llevara a buscar prostitutas a Habanos Café”, relató Santoya.
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