Nación

Cúpula de Castro analiza reacciones tras visita papal


LA HABANA. Ante la euforia popular que desató la visita del papa Juan Pablo II, se ha suscitado un encrespado debate en la cúpula cubana sobre las implicaciones del épico viaje para la estabilidad del régimen castrista.
"Hay voces dentro del Consejo de Ministros, que desde un comienzo se opusieron a las gestiones con El Vaticano", confió una fuente diplomática. "Ahora las críticas directas e indirectas de algunos de los obispos han reforzado la polémica".
Un alto funcionario del Partido Comunista, que pidió permanecer en el anonimato, confirmó la polémica aunque fingió sorpresa cuando el enviado de Estado le preguntó sobre el particular.
"¿Qué crees tú chico, que éste es el Comité Central de Moscú, que aún hablamos en una sola voz", ironizó. "Aquí haremos coro, si quieres, pero es un coro polifónico, de varias voces".
Según las fuentes, el enfrentamiento se está jugando entre un sector tradicionalista encabezado por el general Raúl Castro, ministro de Defensa, y los "reformistas" entre los que se destacan Carlos Lage y Roberto Robaina. En el medio se encuentra Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional, que jugó un papel especialmente prominente en la visita papal.
Sin embargo, esta supuesta pugna interna no es la versión que da cara a la opinión pública. En unísono todos los órganos informativos del Estado siguen pintando a la visita papal, como uno de los acontecimientos más significativos en la reciente historia de la revolución cubana y una apertura hacia el resto del mundo a través del Vaticano, con su aval de "2000 años de diplomacia".
No sorprende que en el episcopado cubano se hayan suscitado diferencias similares con algunos obispos, como el de Santiago, temiendo que la vía de la reconciliación optada por el Papa a cambio de algunas concesiones, desmoralizaría a la oposición creciente en la isla y debilitaría a la propia Iglesia.
La idea de Juan Pablo II y de su equipo de asesores en el Vaticano, es que la visita logró un significativo reforzamiento de los espacios pastorales y el nacimiento de un diálogo directo entre el Estado cubano y el Vaticano.
La mayoría de los observadores coinciden de que esta nueva relación, y el marco de publicidad en que se proyectó al mundo a través de los medios televisivos, puede tener consecuencias imprevisibles.
Nadie oculta la necesidad de acelerar la cosecha de estos frutos, considerando de que tanto el presidente Fidel Castro como el Santo Padre envejecen y porque la revolución cubana necesita mediaciones de altura para sobrevivir, al menos como utopía.
El acercamiento entre este régimen de sistema único y la Iglesia Católica como grupo organizado, como ha sido teóricamente refrendado por la visita pontificia, fue posible porque el episcopado cubano renunció años atrás al activismo político, lo que facilitó la apertura gradual y negociada de la revolución.
Ya ayer el cardenal Jaime Ortega, líder de la facción "reconciliadora" le entró al paso a los "duros. En una misa en presencia del cardenal Bernard Low, de Boston y cerca de 100 obispos y sacerdotes, así como 150 exiliados cubanos de Miami, proclamó a la visita papal "de gran éxito".
"Todo ha salido a la perfección", exclamó Ortega. "La visita del Santo Padre fue un gran éxito. Todos los objetivos se han cumplido, han sido superados, muy superados".
Sobre las relaciones con las autoridades cubanas, dijo "la historia a veces camina zigzag y a veces en espiral", pero siempre camina hacia arriba o hacia adelante, nunca hacia atrás".
"Las autoridades", añadió han podido ver que se puede colaborar, que la Iglesia puede hacer algo, y que podemos colaborar todos para el bien de todo el pueblo de Cuba en algo concreto".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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