Una persona común se levanta en las mañanas, tal vez un sábado y prepara su agenda del día. Ir al supermercado, pagar las cuentas en el banco y por la noche, una película en el cine. Para Fanny Wong no todo es tan sencillo.
Ella es una de los más de 53 mil discapacitados registrados por la Contraloría General de la República en el censo del 2000, quienes en ocasiones, se sienten "extranjeros" en su propio país.
Panamá ha avanzado en materia de los derechos de esta población, reconoce Fanny, quien es contadora y labora en una agencia de viajes, sin embargo, aún hay mucho por hacer para que "nuestra ciudad sea para todos".
Y es que se ha dicho hasta la saciedad que los discapacitados enfrentan, además de su condición física, las barreras arquitectónicas y hasta la inconciencia de aquellos conductores que pese a las advertencias en estacionamientos para impedidos, violan los espacios y desatienden los llamados, pero ¿es así en la práctica? o se trata más bien de frases acuñadas que van de boca en boca.
Sólo había una forma de comprobarlo. El Panamá América salió a recorrer la ciudad capital en compañía de Fanny Wong, su silla de ruedas y el tanque de oxígeno, que no le pierden pisada desde hace ya varios años. Ramiro, su ayudante y amigo, también debía estar presente. Es él quien conoce cada detalle de la movilización de Fanny.
Nos encontramos temprano. Ella estaba preocupada de que el tiempo no fuera suficiente. Se despertó desde las 6:00 a.m. procurando que todo estuviera en orden.
Lucía radiante, con una blusa fucsia y un pantalón a juego y mejor aún, dispuesta a mostrarnos las dificultades que atraviesa a menudo un impedido que sale a la calle a vivir, como todo ser humano.
Ramiro se encargó de trasladarla al auto donde se haría la travesía. La sujetó por la cintura, mientras ella se impulsaba hasta deslizarse por el asiento del copiloto. "Ahora sí", decía mientras acomodaba sus pies con una de sus manos y con la otra sostenía el tanque de oxígeno.
A un costado hizo colocar los libros que traía consigo para obsequiárnoslos: la Ley 42 del 27 de agosto de 1999 sobre la "Equiparación de Oportunidades para las personas con discapacidad" y su reglamentación.
Todo estaba casi listo. Faltaba aún el carné. Un documento plastificado que se coloca en un lugar visible del carro con su foto y cédula para advertir que hay un discapacitado a bordo.
La noche anterior Fanny se dio a la tarea de confeccionar una lista de los sitios accesibles y los de "accesibilidad cosmética".
"¿Qué hace un discapacitado como yo todos los días?... eso es lo que me gustaría mostrarles".
Ese deseo de Fanny se tradujo en principio en la necesidad, por ejemplo, de abordar un autobús para viajar al interior del país o probablemente al área oeste. Sonaba sencillo. Minutos después, ambos casos resultaron toda una odisea. Las primeras letras muertas de una ley y una reglamentación que data del 12 de noviembre del 2002, saltaban a la vista.
Artículo 46: "Los autobuses existentes destinarán dos de sus puestos delanteros a personas con discapacidad, embarazadas, niñas, niños y adultos mayores. En los interiores habrán facilidades para personas con discapacidad".
Y qué decir del artículo siguiente: "las empresas de transporte incorporarán a sus flotas unidades con especificaciones que permitan su utilización por parte de personas con movilidad reducida o en sillas de ruedas a fin de cumplir con lo preceptuado en la Ley 42".
Añadido a lo anterior, la norma señala que las unidades nuevas deben disponer de especificaciones de acuerdo a planes específicos que van desde un vehículo por línea en el año 2003, hasta un 40% de la flota total.
De paseo con un discapacitado
A pesar de las exigencias de la Ley 42 sobre "Equiparación de oportunidades para las personas con discapacidad", los autobuses no disponen aún de las especificaciones requeridas.