Es evidente que con el paso de los años el transporte de lujo ha desmejorado en su calidad. Hay quienes señalan que se debe a la mala administración de los transportistas, quienes, además, no consideran el interés de los viajeros por llegar a tiempo a su destino.
Rutas como Don Bosco y Cerro Batea son las áreas con mayor dificultad.
Euclídes Antonio Méndez, investigador del Centro de Investigaciones de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá (UP), así lo consideró.
La situación se ha convertido en algo rutinario para los pasajeros, ya que antes tenían la esperanza de ahorrar tiempo pero ahora no puede hacerlo, porque la idea que tienen los conductores es de llevar el mayor número de pasajeros, provocando el desplazamiento lento y desordenado en el servicio.
Algo que choca con el sentido común y, para colmo, la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) lo ve como "una situación que no requiere una intervención inmediata".
Arturo González, director de Operaciones de esta institución, sostiene que los propietarios de los buses de lujo argumentan que la pasada administración les concedió un "permiso" para operar de esta manera y ahora se efectúa un análisis para corroborarlo o no.
"Ellos aducen que se le dio un permiso en la administración anterior, pero no hay pruebas de que sea así. Realmente el problema no es que el transporte riña con ser de lujo o no, sino que riñe con la seguridad, porque no deben existir personas paradas a altas velocidades y esto es peligroso", recordó el director de Operaciones.
Pero ¿qué sucede con el concepto de lujo? De acuerdo a la versión del funcionario, el hecho de que exista un transporte masivo o de lujo, no implica que las personas no vayan paradas, siempre y cuando la velocidad no exceda de los 30 a 40 kilómetros por hora dentro del área urbana.
Randall Gómez, conductor de un bus de lujo de la ruta de Torrijos-Carter, indicó que el costo de operación ha subido en los últimos tres años. Anteriormente, el costo para los usuarios del Corredor Norte era de 60 centésimos; posteriormente se aumentó para los autobuses y, como consecuencia, se elevó a 75 centésimos.
Ahora con cada recorrido se debe cubrir el combustible y la cancelación del peaje que es de nueve balboas con 50 centésimos. Situación que se ha tornado crítica con el aumento del combustible, ya que antes (en el 2003) el precio del galón de Diesel se encontraba a un balboa con 20 centésimos, para después subir a dos balboas con 28 centésimos.
Debido a ello se ha optado por trasladar a más personas para poder sacar la ganancia, ya que el precio de cada unidad está valorado en 130 mil balboas, que debe ser cancelado al banco o la institución de crédito a la que se haya afiliado el propietario.
"Aquí hay que cubrir el precio del combustible y el gasto de operación diario; si no llevas pasajeros parados, entonces no hay ganancia. El conductor, en resumidas cuentas, no obliga a nadie a subir, es el propio pasajero quien toma su decisión", advirtió el conductor.
Por otro lado, en el caso particular del transporte de lujo de Cerro Batea, su demora también está en efectuar su recorrido hacia la entrada del Corredor Norte, en vista de que, a la altura de San Isidro, se origina un congestionamiento vehicular. En este aspecto, el propio director de Operaciones reconoce que se constituyó en un error el tratar de cambiar esta salida.