El desacierto en que incurrió el magistrado Alberto Cigarruista al declarar que su llegada a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) es producto de un compromiso adquirido entre la presidenta Mireya Moscoso y legisladores de la República, no es razón que pueda generar su destitución del cargo.
Lo anterior fue expuesto por la ex magistrada de la CSJ, Aura Emérita Guerra de Villalaz, quien, no obstante, adujo que tales declaraciones lesionan la imagen de la máxima corporación de justicia en momentos en que se hace un trabajo para mejorar su imagen.
A juicio de la ex magistrada, las declaraciones de Cigarruista no fueron oportunas si se evalúan en el marco de las normas que rigen las actuaciones de los magistrados, porque una vez que se llega a ese cargo se deben abandonar las actuaciones individuales y asumir responsabilidades como parte de un cuerpo colegiado.
"Cada una de sus declaraciones públicas y privadas tienen que ser comedidas, tienen que ajustarse a la ley. Incluso, no pueden darse opiniones ni adelantar conceptos, porque inmediatamente eso lo coloca con prejuicios y le impide que se pronuncie frente a determinados casos", explicó.
Manifestó que quien asume el cargo de magistrado de la Corte Suprema está impedido para responder a una gran cantidad de cosas, como lo hacen generalmente los legisladores.
Edgardo Molino Mola, también ex magistrado de la Corte, dijo que lo ocurrido con Cigarruista, es una prueba de las deficiencias del sistema de selección de magistrados que lleva a muchos de los postulados por el Ejecutivo a tener que recurrir a la Asamblea Legislativa para lograr su aprobación.
Aunque aclaró que cuando fue ratificado no tuvo que acudir a ningún legislador para que lo ratificara, consideró que la manera actual de llegar a la CSJ le resta independencia a sus miembros.
Molino Mola sí estuvo de acuerdo en el derecho que tiene cualquier magistrado a defenderse y contestar a cualquier ataque público que el ofendido considere arbitrario o injusto.
En cuanto a la discusión pública de los fallos, estimó que cuando un fallo de la Corte se emite es público y puede discutirse, pero en sitios como las facultades de Derecho, libros jurídicos, en los foros académicos y en los colegios de aboga- dos.
"Pero no es que el magistrado vaya a salir a defender públicamente cada vez que sale un fallo, porque si es así el magistrado no viviría ningún minuto en paz", acotó el jurista.