U n terreno baldío, reclamado por su dueño, en Loma Linda de Pedregal, fue el escenario para una batalla entre las 60 familias que lo habían invadido y la Policía Nacional, que por orden del corregidor los desalojaba.
El calor imperante en la ciudad de David, Chiriquí, estaba en su máximo apogeo cuando las bombas lacrimógenas empezaron a caer, antes que los habitantes de las tierras, quienes ya habían edificado pequeñas casas de distintos materiales, respondieran con piedras, palos y botellas.
Mientras el grupo de control de multitudes avanzó al interior del terreno, un camión con trabajadores del supuesto dueño, a través de documentos legales, llegaba hasta las casitas para destrozarlas.
Sin importar las bombas que caían sobre su casa la señora, Leticia Alvarado, se aferraba a su hija de 12 años, impactada por lo que estaba pasando, para que la residencia que había construido con mucho esfuerzo no fuera destruida.
Pero a pesar de su negación, ella y su hija fueron sacadas a la fuerza por varios policías, mientras reclamaban las hojas de zinc, madera y una pequeña cama, entre otras pertenencias que se llevaban en el vehículo.
"Esas cosas son mías y no se las van a llevar, porque son mías", reclamaba en vano la señora, antes de que la arrestaran.
Mientras, la batalla entre policías y residentes del lugar continuaba ya un poco más adentro de la propiedad, que según el dueño se utilizará para la construcción de una urbanización que contará con 200 casas.
Ya al final de la jornada, los ánimos nuevamente se caldearon y en medio de un intercambio de palabras entre los residentes y el señor Ricardo Barría, quien dice ser el propietario, salió a relucir un arma de fuego que este apuntó contra una de las señoras que le gritaba.
La acción generó furia entre la gente que reclamaba a la Policía por qué le permitía portar un arma de fuego, sin pedirle el respectivo permiso.