Dicho trabajo reveló que de cada 100 estudiantes evaluados, 10 presentaron serios problemas de atención, hiperactividad e impulsividad, elementos que afectan notablemente el sistema educativo.
Según Fabio Bethancourt, psicólogo clínico de la Universidad de Panamá, y asesor del estudio, realizado por la especialista Jaseyka Sosa, el mismo buscó la prevalencia de este trastorno en una muestra de 1,284 estudiantes de cuatro escuelas primarias del área metropolitana.
Para ello, se aplicó un cuestionario muy preciso a maestros de tres escuelas oficiales y una particular, seleccionadas al azar y de cuatro corregimientos distintos.
A través de ese método, los docentes identificaron qué estudiantes, de primero a sexto grado presentaban comportamientos que indicaran el trastorno.
Se evaluaron las áreas de atención, impulsividad e hiperactividad, de modo que tanto los maestros, como posteriormente, los padres de familia participaron del estudio, detectando a quienes perturbaban en el aula y quienes requieren de ayuda.
Bethancourt explicó a El Panamá América que el tercer grado fue el nivel escolar en que mayormente se detectó el trastorno, y que el mismo se encontró en más niños que niñas.
Las escuelas primarias en estudio fueron República de Chile, Manuel Espinosa Batista, Federico Velásquez y la Escuela Panamá, único colegio particular que aceptó participar, de las tres que se requerían.
Se recomendó que los ministerios de Educación, Salud y otros organismos, capaciten a los maestros para que sean más tolerantes ante estas diferencias individuales, de modo que adecúen la enseñanza y puedan responder a las necesidades de este estudiante.
Se puede captar desde kinder, primero o segundo grado. Este trastorno requieren tratamiento médico-psicológico-educativo.
Si el maestro no está preparado técnicamente ni tiene actitud favorable para manejarlo, no sólo se perturbará el salón de clases, sino también el proceso enseñanza-aprendizaje.
De no tener ayuda puede terminar en deserción escolar o ser un delincuente.
Un niño con este problema presenta en forma frecuente estas conductas:
Inquieto de manos o pies o no puede quedarse sentado quieto.
Se levanta de su lugar en clases .
Activo en situaciones inapropiadas.
Dificultad en hacer cosas en forma tranquila.
Está como si "no se le acaban las pilas".
Habla excesiva mente.
Responde antes de que la otra persona termine.
Dificultad en esperar su turno.
Interrumpe.
La falta de atención es lo más relevante y se refleja en conductas frecuentes como:
Falla en dar atención cercana a detalles o comete errores por no fijarse en trabajos de la escuela o en otras actividades.
Tiene dificultades en mantener la atención en trabajos o en otras actividades.
Parece no escuchar cuando se le habla.
No sigue instrucciones o falla en terminar las cosas.
Tiene dificultad en organizarse.
Evita situaciones que implican mantener un nivel constante de esfuerzo mental.
Pierde cosas y olvida actividades diarias.
Se distrae con estímulos.