A menos de una semana para que el Gobierno presente una contrapropuesta sobre el ajuste salarial de B/.190.00 que piden los docentes, la dirigencia magisterial amenazó con tomar acciones de fuerza si la oferta es "ridícula".
El dirigente Luis López, señaló que la propuesta gubernamental debe ser cónsona con la realidad económica y dejó claro que no negociarán un monto "ridículo".
El titular de Educación, Miguel Ángel Cañizales, no reveló el monto de la oferta y por el contrario, destacó que si acogen la solicitud de los docentes el Estado tendrá que desembolsar unos B/.97 millones. López aclaró que el objetivo no es paralizar las clases, pero que lucharán por sus derechos.
Desde los siete años, Katherine Ayala se rifaba la vida en las calles de la ciudad. Igual podía vender en La Peatonal como en la Tumba Muerto. Día tras día salía de su casa con su hermana, apenas unos años mayor, y no regresaban hasta entrada la noche.
Los B/.10.00 diarios, logrados en ganancias, servían de apoyo a las ventas de su mamá en la avenida Central, sin embargo, a su vez este mismo monto representaba el sacrifico de no poder estudiar debidamente.
Contrario a Katherine, a los siete años, Luis Robles no vendía, sino que pedía.
Su centro de operaciones era el semáforo de El Dorado, donde iba con sus dos hermanos, un poco mayores que él.
Mientras ellos limpiaban zapatos, "Lucho" entraba a los restaurantes a pedir.
Sucede que un día, cuando pedían dinero, un conductor al verlos les dijo que estaban grandes para estar "pidiendo plata", y de paso los insultó. Una vez arrancó el auto, los niños corrieron detrás para darle de pedradas.
Pese a sus travesuras, por fortuna a Luis nunca se lo llevó la Policía, ni vivió un incidente que lamentar.
Contrario a las vivencias de Katherine y Luis, cinco años después, Gabriel Mesúa aún recuerda cuánto lloró cuando se lo llevó la Policía.
Estaba pidiendo plata en un restaurante con su primo y un amiguito y como molestaban a los clientes, el gerente llamó a una ronda policial.
"Buscaron a mi tía y cuando llegamos a la casa, nos dieron una "cuera", contó. Lo más insólito es que ella misma les decía que se fueran a rebuscar.
Gabriel es de Yaviza, Darién, pero repentinamente quedó viviendo con su tía en Curundú.
"Como era recién llegado, yo no sabía qué era droga", recordó. No tardó en descubrirlo.
"Cuando venía de la calle, de vender los dulces, me decían: ¿quieres tu jale?.. Como les decía que no, decían que yo era homosexual", relató, asegurando que nunca se drogó.
Otro día, un niño de su misma edad le robó.
"A la segunda, quería hacerlo otra vez, pero ahí sí me le paré "de hombre a hombre", dijo, advirtiendo que su primo no le ayudó porque le tenía miedo a ese niño.
A Dios gracias, Gabriel ya no está en las calles porque le da pena. No así sucede con las clases, con 14 años, no le averguenza ir a V grado.
Así como éstos, hay muchos niños que día tras día se salen de sus casas para buscar qué comer. La incógnita es cuándo será el día que se topen con un abusador o corruptor que enrrumbe sus vidas hacia el despeñadero.