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El "ladrón de la Merced" se hizo pasar por un feligrés

Cerca de las 6:00 p.m., el ladrón repasó con mente fría los cinco pasos del plan con el que pretendía profanar la iglesia Nuestra Señora de la Merced, en San Felipe, para apropiarse de dinero y objetos de gran valor religioso.


Realizarán una misa de desagravio este viernes
  • ¿A cuánto asciende la pérdida? Para el clérigo Javier Mañas, no hay cuantía. El sacerdote del templo de Nuestra Señora de la Merced explica que son reliquias que, más allá de un valor económico, tienen un valor religioso. “Solo con que se haya profanado el Santísimo podemos decir que lo hemos perdido todo, lo más valioso de un templo”, señala.
  • Y de conformidad con la costumbre católica, lo que procede en estos casos es un acto de reposición. El arzobispo metropolitano de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, confirmó que este viernes 27 de junio oficiará una misa de desagravio, en este templo, a las 3:00 p.m.
  • En tanto, el padre David Cosca no descarta que los objetos consagrados robados resulten de interés para personas que practican ritos de misa negra.

Cerca de las 6:00 p.m., el ladrón repasó con mente fría los cinco pasos del plan con el que pretendía profanar la iglesia Nuestra Señora de la Merced, en San Felipe, para apropiarse de dinero y objetos de gran valor religioso.

El plan era sencillo: entrar como un feligrés cualquiera, esconderse al final de la misa, esperar a que cerraran la iglesia y, bajo el manto cómplice de la noche, hurtar los objetos previamente identificados. Finalmente, y avanzada la noche, violentar la puerta lateral para escapar con el botín sagrado.

 

¡Y funcionó! Todo ocurrió este lunes 23 de junio.

Robo

 

A las 6:35 p.m., el sujeto entró al vetusto templo; allí estuvo sentado un rato. Y aprovechando que la iglesia está en remodelación, en tanto pudo se escondió entre andamios y materiales, antes de que terminara la última misa.

A las 7:30 p.m., el encargado de cerrar hizo la revisión final de rutina. Y antes de poner el candado lanzó una última mirada al oscuro interior. Desde un rincón, impávido, el malhechor lo observó en silencio.

 

La iglesia fue cerrada. El ladrón esperó un tiempo más en su posición y luego siguió con su fechoría.

Utilizó las herramientas pesadas que había en el área para la construcción, con ellas rompió 11 alcancías, violentó puertas internas y subió hasta la corona de la Virgen, en el altar.

 

Tomar la corona de la Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes fue un acto temerario. Pero la profanación llegó a su grado cumbre cuando tomó las hostias consagradas, que para los católicos representan el cuerpo de Jesús.

Todo indica que sabía muy bien lo que se estaba llevando. Tomó una estatuilla de San Miguel Arcángel, valorada en el mercado en unos $400; el copón, bañado en plata; una cruz bañada en oro, y un relicario con huesos de beatos mártires mercedarios traídos desde España.

Todo lo manipuló con guantes para evitar dejar pistas, pero lo que desconocía es que las cámaras de seguridad de la iglesia habían registrado el agravio.

A las 10:15 p.m., su bolsa estaba llena con todo “el encargo”. Entonces inició la fase de fuga, forzando los picaportes de la puerta lateral izquierda, y a las 10:30 de esa fría y callada noche saltó a la calle.

Su último golpe a la gran puerta de madera activó la alarma.

Agravio

A esa hora, el párroco Narciso Vioque fue avisado. Se alistó y fue de inmediato a la escena del hurto, donde ya estaba la policía.

Entre claros y oscuros, el ladrón está filmado. Pero aún no ha sido identificado.

La noticia ha consternado a la comunidad religiosa en el barrio de San Felipe.

Vecinos consultados aseguran que lo único que escucharon fue la alarma. Pero no se aventuran a señalar sospechosos. “En todo caso, no es más que un vil ratero”, indicó Eric Castro a la salida de la misa de ayer.

Este miércoles, solo asistieron 19 feligreses al oficio de las 7:00 a.m. Se percibe todavía un halo de melancolía y es fácil advertir evidencias visuales de los daños causados por el ladrón a lo interno del templo.

Por ejemplo, está el espacio del pequeño santo que se llevó, siguen abiertas las puertecillas de donde extrajo los objetos consagrados y -por supuesto- la Virgen sigue allí, con mirada tierna y brazos abiertos... pero sin corona.

Es extraño verla así. Parece expuesta. Y es que desde siempre aquella imagen de la Virgen de la Merced ha estado ataviada con esa gran corona, que aunque brilla, no es de oro.

Incluso, hay fotos en Panamá que datan de 1880 donde se ve a esa Virgen con su corona. Ya no la tiene.

Las investigaciones continúan, pero la iglesia ya tiene una sentencia. La Arquidiócesis de Panamá confirmó que el ladrón ha sido “excomulgado ipso facto”.

Para esta pena no hace falta ningún reporte. Basta con que se haya atrevido a profanar el Santísimo.

Ayer, el padre Javier Mañas habló de la importancia del perdón al pequeño auditorio que asistió a la misa matutina, luego conversó con Panamá América en un tono más enérgico. Aunque al final tuvo tiempo para satirizar.

“Hasta para ser ladrón se necesita clase. ¡Este es un ladrón indigno!”, afirmó.

 


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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