Este desarrollo y crecimiento urbanístico se ha dado inesperadamente, en una situación que incluso, según los especialistas, no se había previsto.
En ese panorama, residentes de sectores humildes como San Sebastián, en Paitilla aseguran que les ha tocado pagar un alto precio por darle paso al desarrollo.
Es un sector donde habitan panameños que se han sentido afectados directamente por las imponentes construcciones que se han alzado a orillas de sus pequeñas residencias.
Ellos se quejan, por ejemplo, de la construcción de las torres Pacific Wind, que inició hace más de un año.
Iveth Herrera, quien tiene más de 35 años de vivir en San Sebastián, sostuvo que desde que fue creciendo el área de Paitilla, se han visto perjudicados, sobre todo con las inundaciones de agosto del año pasado.
Herrera manifiesta disgustada que cuando no existían estos grandes edificios, el agua de las lluvias corría con normalidad por el drenaje pluvial.
Recordó que en esa ocasión, "el agua se regresa a las personas por los inodoros y las plumas del fregador".
Y esas no son las únicas quejas. Dicen que otro de los problemas es que "las veredas que con tanto esfuerzo construimos en el 2004, quedaron totalmente destruidas con la entrada y salida de camiones en el área".
Pero, fuentes de Pacific Wind que pidieron reserva, difieren con Herrera. Aseguran que ellos, "como un aporte a la comunidad, construyeron un drenaje pluvial, aunque no les correspondía".
La obstrucción de las tuberías, según dijeron, tiene otra explicación. "En San Sebastián se arroja la basura en una canalización pegada a la vía que entra a Punta Pacífica.. hasta colchones han ido a parar allá".
El entrevistado mencionó que tanto el Ministerio de Obras Públicas como Ingeniería Municipal les aclararon en su momento, que no era su responsabilidad lo del drenaje, pero que lo construyeran como una colaboración porque estas instituciones no tenían personal ni presupuesto para ello.
En cuanto a las veredas, adelantó que en ocho ó 15 días estarán listas, tal como se les había prometido. Julián Hernández, quien vive en ese sector hace más de 38 años, también contó su experiencia. Fue su carro el que sufrió los daños de la construcción de los majestuosos edificios. Un día, desde lo alto de la construcción, cayó cemento y "me bañaron mi carro, al igual que el de otros vecinos". Hernández tuvo que pelear con los dueños, por un año, para que le repararan los daños ocasionados a la pintura del vehículo.
Los moradores se quejan porque los constructores de estos edificios orinan cerca de sus residencias.