Apuestas. Que las casas de juego se enriquezcan más cada año, debe interpretarse con cuidado. Puede significar un turismo boyante; como también un pueblo que se embrutece a plazos.
Ironía. Resulta por lo menos curioso que en tiempos de crisis económica, el ciudadano invoque al azar para la solución de los problemas. En lugar de ahorrar, lanza su dinero al viento.
Escudo. Sólo un pueblo educado puede enfrentar los embates del juego compulsivo; cuando ya no se juega para ganar, sino por el placer del riesgo. Hay que insistir en el mensaje: la educación conjura la pobreza.