En menos de doce horas, dos personas perecieron bajo las llantas de autobuses del transporte colectivo.
A las 10:00 p.m. del pasado lunes, Duagney Mejía de 25 años y su esposa Marisol Gherbet, de 29 años, en estado de embarazo, salieron de su residencia ubicada en Concepción, Juan Díaz, pues Marisol se iba a su casa en Paraíso, San Miguelito.
"Apenas pusimos los pies en las líneas de seguridad de la calle, ya que íbamos a cruzar para que Marisol tomara un taxi, aparecieron dos veloces "diablos rojos" que venían en regata.
No tuvimos tiempo de quitarnos y el bus nos impactó dijo entre sollozos.
"Yo no sé cómo quedé vivo", expresó sorprendido, ya que ayer fue dado de alta del hospital.
Mejía recordó que Marisol tenía siete meses de embarazo y que hace pocos días conocieron que el bebé sería un varón.
Esa noche, Vivi, una niña de cinco años, esperó a su madre, Marisol, pero ella nunca llegó, pues murió en el lugar de los hechos.
Al desconsolado hombre le costaba hablar, el llanto era incotenible.
Doce horas más tarde, Rodrigo González González de cinco años, también falleció cuando el bus donde viajaba junto a su madre y hermano menor le pasó por encima cuando éste cayó al pavimento en La Cuchilla de Calidonia, a las 10:15 a.m. de ayer.
Según testigos, los transeúntes al mirar lo que ocurría, y que el menor tenía sobre la cintura la pesada llanta del autobús, empezaron a gritarle al conductor, Carlos Lucas, para que retrocediera. Pero este señor, de 60 años, de los nervios, aceleró y terminó afectando más al niño, que sujetaba la llanta en señal de auxilio. Consternación reinaba en el lugar. El conductor dijo que no vio al menor.