A pesar de los notables cambios, es la sala de urgencia del pueblo, ya que los casos que se atienden no han variado, según certificó Panamá América mediante un ejercicio de observación.
Por un lado, se encuentran las personas que llegan en estado delicado y en el otro las que ingresan caminando o en sillas de rueda, dependiendo del dolor que los aqueja. Mientras, los médicos de turno llaman en voz alta al siguiente paciente. Hay otros que deambulan de la Caja de Pago a la ventanilla de Información y de allí pasan a Evaluación socioeconómica, porque carecen de recursos. Así transcurre una mañana tranquila, según los doctores y el policía de turno.
La sala de espera del nosocomio no estaba llena; había aproximadamente unas 30 personas.
Entre ellas, una joven que le llamaba la atención a su hermano, Justacio Mina, de 17 años, porque el fin de semana había estado recluido en la sala ya que tenía una bala perdida en el muslo.
Y es que Justacio decidió fugarse del hospital para irse a donde una amiga en Pueblo Nuevo, lejos de su familia.
Sin embargo, los lazos familiares no se rompen fácilmente; su hermana fue a buscarlo para llevarlo nuevamente a Urgencia, ya que la pierna se le estaba gangrenando. Cuando la hermana le llamaba la atención, éste sólo bajaba la cabeza. Todo esto ocurría mientras Luisa se paseaba de un lado a otro con un pañal en la cabeza embarrado de sangre. Ella había estado involucrada en una riña donde fue herida con una botella. "¡Eso no se queda así!", exclamaba con voz de pocos amigos.
De pronto, llamaron a Justacio. Su tía Concepción decía: "Ahora sí lo van a operar para extraerle la bala, y esperemos que no sea costoso". Hasta el momento sólo habían pagado cinco balboas.
En ese momento entró un hombre con cara de que le quedan los pocos días de vida y pasó a la fuente a tomar agua, mientras meditaba.
Alguien le preguntó: "¿Amigo, qué le pasa?". "No moleste, no ve que estoy muy enfermo", respondió con enfado.
Volvió otro curioso: "¿Qué tiene?". La respuesta fue inesperada: "¡SIDA, ya estoy en la última etapa!".
Así transcurrieron las horas mientras que pacientes y el Santo Tomás sobreviven a la crisis.
Tan limpio como los pasillos está la situación financiera del hospital del pueblo.
Los usuarios del transporte público de pasajeros pueden exponer sus quejas al sistema de línea caliente, donde podrán marcar los números 290-5771 o 290-5622.
La flota de buses urbanos en la ciudad de Panamá supera las 2 mil unidades.
De acuerdo con las autoridades de la ATTT, en el 2007 la ciudad capital experimentará un nuevo sistema de transporte con el que se busca satisfacer las necesidades de los usuarios.
Entre las alternativas de un nuevo modelo de transporte están el tren ligero y los buses articulados.