La rehabilitación del aeropuerto de Río Hato, en la provincia de Coclé, traería consigo beneficios para los coclesanos y en especial para el sector turístico, dado que se espera que los turistas lleguen directamente a esta pista e inviertan en esta región.
Para el gobernador de Coclé, Irving González, la rehabilitación de este aeropuerto sería una gran oportunidad para la región, que está en todo su esplendor en el aspecto turístico.
"Si tenemos un aeropuerto acondicionado, es probable que los vuelos "charters" llegarían directamente a Río Hato, lo que daría la oportunidad a Coclé para que el turista invierta directamente en la región", sostuvo.
Según el gobernador, las estadísticas señalan que la provincia de Coclé es una de las más visitadas por los turistas, lo que es positivo, pues se incrementan los recursos económicos de la región.
González señaló que una vez se realice el proyecto de rehabilitación del aeropuerto se conversará con las entidades para establecer puestos de ventas de artesanías y otros locales comerciales para ayudar a la economía de los coclesanos.
Expresó que espera tener una zona libre en Coclé por las perspectivas que tiene esta región turística. Por su parte, Soledad de Vargas, propietaria de la agencia de Viajes Sol Angel Tours, dijo que el beneficio de la rehabilitación de este aeropuerto sería para la cadena de hoteles Royal Decameron, ya que son ellos los que están en el área.
Sin embargo, hizo el llamado al Gobierno para que se puedan beneficiar algunas agencias de viaje que no están ligados al Decameron, pues es importante que la rehabilitación de este aeropuerto los beneficie a todos por igual.
Vargas explicó que es necesario mercadear los productos y venderse a los hoteles Decameron y que ellos acepten las peticiones, con lo cual los turistas puedan disfrutar del área y de otras alternativas que se ofrecen en Coclé, además del hotel.
Yanis Rodríguez, directora regional del Instituto Panameño de Turismo (IPAT) en Coclé, también aseguró que esto sería un gran apoyo para el turismo, pues en Río Hato es donde está el sector productivo de turismo más grande de la provincia.
Dijo que la labor del IPAT en este sector sería orientar más a los visitantes acerca de los diferentes lugares de interés turístico que existen en toda la región y más cuando las oficinas del IPAT están ubicadas cerca del aeropuerto de Río Hato. Expresó también que se buscará realzar más el turismo con la rehabilitación de este aeropuerto.
Por su parte, el campesino Alejandro Pérez dijo no conocer mucho de aeropuertos, sin embargo, señaló que si esto traerá beneficios a la provincia y sobre todo más turistas que compren sus artesanías y productos, sería un gran aliciente para todos los que realmente necesitan en Coclé.
La realidad en todos los semáforos es la misma. El tiempo entre una y otra luz es corto y los vendedores deben usar su mejor arma para convencer a los clientes. "Como están las cosas es un verdadero reto", señalaron. Roberto Anria, de 32 años, recorre grandes distancias, "como caminar Portobelo", procurando anotarse otra venta.
Sudaba copiosamente, su mameluco azul, de una empresa de refrescos, casi se torcía, pero ni eso lo hacía pasar de malhumorado. No perdía oportunidad de chistar con sus amigos de peregrinaje.
Promocionaba el producto al tiempo que voceaba "maní turrón, chocolates, pastillas". Es un puesto de venta ambulante. Roberto es ya un veterano del negocio. Lo practica hace nueve años y reconoce "haber vendido de todo". Fue canillita y vendía hasta 600 periódicos al día.
Es padre de cuatro hijos, de 12, nueve, dos y seis meses y tal como indicó, "está felizmente casado y me esfuerzo mucho para llevar el pan a mi hogar".
La rutina de Roberto inicia desde las 8:00 de la mañana cuando llega al semáforo de Villa Cáceres. Parte a casa a eso de las 7:00 y por vivir en la Barriada 24 de diciembre de Tocumen, logra ver a sus niños y su esposa cerca de las 9:00 de la noche.
Trabaja con el mayor de los gustos, porque "es un oficio honrado... no estoy robando", pero últimamente la venta ha trastabillado, sobre todo en los últimos días y sólo se ha hecho B/.5 "cuando mucho y eso que a veces, en un buen día recojo hasta B/. 15".
La lluvia es su principal enemigo. "Si viera que esta semana, por los fuertes aguaceros, hemos andado por allí con la carita agachada".
Sin duda que el término adquiría notoriedad al avanzar la tarde. Luis Rodríguez, de 23 años, conocía muy bien esta realidad. A él la necesidad lo obligó.
A su edad, es ya padre de tres niños y aunque no vive con ellos, es responsable económicamente, de sus gastos. Hasta los 20 años laboró como ayudante general de construcción. Todo marchaba bastante bien hasta que quedó desempleado. Como padre no podía darse el lujo de no trabajar y un conocido le propuso vender golosinas en los semáforos. Aceptó sin titubear, sus hijos eran la principal razón.
Hoy, en su espacio de trabajo, se comparte fraternalmente. "Somos como familia", nos dice. El tiempo que dedican a la venta demanda buenas relaciones. En principio, Luis estuvo cauteloso, renuente a hablar, al cabo de unos minutos entró en confianza y coincidió con los anteriores en que "tampoco terminé los estudios, aunque tengo muchos deseos de hacerlo algún día".
Y aunque Roberto lo tildó de "fresco", porque llega a las 10:00 y "se va más temprano que yo", Luis viaja cada mañana desde Mano de Piedra con la esperanza de que "no llueva y saque algo al menos para la comida"...
Cada semáforo de las calles de la ciudad es un bazar. "De todo como en botica", nos dice un joven de 18 años que prefirió el anonimato. El, al igual que el resto, empezó muy joven.
Desde niño fue siempre "muy independiente". Su madre los atendía a costillas de los más indescriptibles "sacrificios, trabajaba muy duro por mí y mis tres hermanos", reconoce, sin embargo, al instante agrega: "pero yo necesitaba más para comprarme ropa y otras cosas".
En la bolsa que colgaba de su correa no había espacio disponible para otro estuche de celular. Todos los modelos, tamaños y accesorios. Según comentó, son esos los artículos de mayor salida, pero nuevamente el día no había sido bueno. Para las 5:00 de la tarde, desde las 8:00 de la mañana apenas había vendido uno.
La calle propicia la incredulidad. Este joven era prueba de ello. El no lograba entender porque alguien se interesó en revelar "todas las penurias" que les toca atravesar a los vendedores en los avenidas. "Está segura que esto (la entrevista) es para algo bueno?", cuestionó más de una vez.
Accedió, quizás, influenciado por algunos de sus compañeros, como Juan, a quienes el momento les fue oportuno para desahogar aquello que para el ciudadano común es ajeno.
Es un muchacho estudioso, así se describió. Culminó su sexto año y se graduó de electromecánica. Ahora espera seguir algún día la universidad. Se acercaba la noche. El tráfico era ya un caos. Los vendedores dieron por terminada. Mientras se despedían, el taxi rojo de Elpidio se abarrotaba. Una vez más, como todos los días, los llevaría de vuelta a sus casas.
Difícil y poco preciso resulta contabilizar a los vendedores ambulantes de la ciudad. Es una profesión "muy fluctuante puesto que hay quienes lo hacen los fines de semana y otros lo tienen como estilo de vida", aseguró Abraham Gotti, gerente de servicio de la Alcaldía de Panamá.
Lo anterior fue corroborado durante el recorrido de El Panamá América. Algunos de los entrevistados recién empezaban y otros se estaban reincorporando al no encontrar otra forma de ganarse la vida. Hubo quienes nos hicieron saber que sólo realizan la actividad un par de días a la semana.
No obstante, el informe de agosto del 2002 de la Encuesta Hogares de la Contraloría General de la República en su renglón de vendedores ambulantes, trabajadores de los servicios no clasificados en otro grupo, obreros y jornaleros registra un total de 234 mil 572 personas dedicadas a estos menesteres. Unos 125 mil 892 hombres y 108 mil 680 mujeres.
Para el mismo mes del año anterior la cifra total de esta categoría alcanzaba los 217 mil 503, siendo 121 mil 8 los hombres y 96 mil 495 las mujeres. Con ello se muestra un aumento en la cantidad total de cerca de 18 mil personas.