PARA salir de su casa, en el sector de Barraza, "Luchito" se viste de civil y toma un taxi. Tres o cuatro cuadras después, "se transforma en estudiante".
Pertenece a una pandilla del barrio y no puede irse uniformado porque sus rivales lo identificarían sin problemas y de seguro, lo buscarían en la escuela para cobrar venganza.
"Tengo que cuidar mi vida", dice, con el ritmo en sus palabras que le agrega el ambiente.
Hace poco cumplió 18 años y cursa el quinto año del área de Letras, pero por razones obvias prefirió no decir dónde.
Durante la entrevista con Panamá América Luchito lució orgulloso su camiseta del onceno brasileño, un día después del triunfo en la Copa América y no dudó en justificar su pertenencia a una pandilla diciendo: "no quisiera estar allí, pero qué puede hacer uno".
De vez en cuando y si la ocasión lo amerita, Luchito va armado a dar clases porque "nadie te revista la mochila".
Aunque asegura que sus problemas no los lleva al aula y de inmediato añade que allá es otra persona. ¿Cómo así?, preguntamos y él responde sonriendo: "son otras amistades.. uno habla y se comporta distinto".
Los casos como el de Luchito no sorprenden al mayor Carlos De Icaza, jefe de la Unidad Antipandillas de la Policía Nacional.
Le ha tocado verlos y escucharlos como parte del trabajo de campo.
¿Cuántas pandillas hay en Panamá? De Icaza y su equipo han logrado identificar cerca de 50, entre Panamá, Colón y San Miguelito.
Para denominárseles pandilla deben cumplir ciertos parámetros definidos en la ley. "Control territorial, miembros y jerarquías, símbolos y hechos ilícitos".
Como conocedor de esta realidad a la que llama "fenómeno", el mayor sugiere ciertas estrategias que todavía estamos a tiempo de ejecutar.
Lo que se haga, insiste, debe ser antes de que estos grupos adquieran las temibles características de las pandillas centroamericanas.
Docentes, padres de familia y la Policía Nacional deben trabajar en conjunto para reconocer los síntomas del pandillerismo. "Especializarse".
La tarea no es fácil; sin embargo, en la medida que se logre identificar al joven que está relacionado con drogas o que delinque, la situación cambiará.
De Icaza considera urgente saber "quién puede dominar la venta de drogas dentro de un plantel" porque no siempre es un adulto.
"En Panamá, se sabe que en muchas escuelas hay droga y los muchachos no la llevan para fumarla, sino para venderla".
Autoridades del Ministerio de Educación están aprendiendo a identificar "signos", aunque éstos difieren de los que enumera la Unidad Antipandillas dela Policía Nacional.
"Tatuajes y paredes rayadas con mensajes", son algunos de ellos.
Para encontrar la raíz del asunto, se llevan a cabo programas para capacitar a educadores y jóvenes con la asesoría de fundaciones como Roberto Boutet Díaz. Su presupuesto en el 2006 superó los B/.170 mil.
Estudiante en la mañana y pandillero por la tarde
Conocedores de pandillas aseguran que no siempre los tatuajes identifican a sus miembros. Muchos no tienen.