Las autoridades vinculadas al tema educativo están muy interesadas en evaluar y dar seguimiento a los análisis que en materia de curriculum y evaluación académica han realizado expertos del Grupo de Trabajo sobre Estándares y Evaluación del PREAL.
El interés surge luego de la visita que realizó recientemente a Panamá el experto en temas curriculares y miembro del Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), Guillermo Ferrer.
Ferrer, quien amplió a El Panamá América sus observaciones en los distintos sistemas educativos latinoamericanos, expuso que en muchos casos los curriculum nacionales no son claros, lo que impide que se conozca qué es lo que se quiere de los estudiantes y se evita la equidad entre los sistemas público y privado.
"Cuando el sistema posee un curriculum claro se puede saber cuáles poblaciones son las más desfavorecidas, cuáles están rindiendo menos y, en base a ello, qué tipo de políticas poder tomar para lograr los correctivos", expuso.
El experto, cuyo grupo de trabajo es coordinado por PREAL, añadió que en dos años de investigaciones se han podido determinar claras pistas que permiten dar a los gobierno indicios de qué está pasando en el sistema educativo.
"Tenemos mucho interés en ser escuchados para que las decisiones de políticas educativas que se tomen no sean antojadizas y no sea producto de factores de percepción política, sino documentadas en base a experiencias en otros países, pero de igual manera que sean asimilables a la realidad de cada país y de acuerdo a las metas de éste", acotó.
El especialista, que durante su visita también abordó el tema de la evaluación docente y educativa, consideró necesario analizar con detenimiento el costo programático de la inversión que se hace en Panamá por cada alumno y observar los beneficios que éstos logran.
En el caso de la educación en Panamá, el especialista observa, sin que ello sea una realidad exclusiva, que la inversión por estudiante en la enseñanza superior es desproporcionado si se compara con lo que se invierte en el nivel primario, donde la inversión debería ser mayor.
Por ello, y de acuerdo con el presidente de la Comisión de Educación de la Asamblea Legislativa, José Blandón, se está coordinando una futura asesoría que, en materia de evaluación, brindaría PREAL a Panamá.
"Ellos asesorarían a la Comisión (de Educación) en el tema de la evaluación, que fue algo acordado dentro del diálogo educativo", manifestó el legislador al agregar que las conversaciones al respecto se darían en el próximo mes de noviembre.
Con la primera dama, Doña Alicia Castro de Porras, trabajó muy de cerca y le unió una gran amistad. Al mencionarla un dejo de dulzura y melancolía resintieron el impedimento de no poder estar juntas. "Ellos me quisieron mucho".
La frase no había terminado y cuando cabizbaja se pierde en sus recuerdos es cuando una pregunta revive su fibra liberal: ¿Qué clase de liberal era Porras? "Muy valiente, la adoración del pueblo panameño... Quería mucho al pueblo y el pueblo a él...
Yo era liberal", dijo con vehemencia. La conversación toma otro giro y un ambiente más relajado se respira. Las señoras del Hogar Bolívar y sus cuidadoras que la escuchaban, disfrutaban con sus carcajadas cuando Doña Elvia dijo con una ingenua picardía que lo que más le gustaba de los carnavales "es que se daba mucha soltura", refiriéndose a los de la capital.
En esa época las polleras eran la novedad y le gustaba a todo el mundo". De todas las polleras que tenía sólo pudo recordar que una de ellas se la regaló Doña Alicia. El cansancio ya era evidente en Doña Elvia y con él la hora del almuerzo. Es conducida por su cuidadora, Taira de Degracia, al comedor.
A las 11:30, los pasillos comenzaron a congestionarse con señoras que andaban a paso lento, en silla de ruedas o andaderas; algunas eran auxiliadas por sus cuidadoras privadas, otras por personal del centro, mientras otras lo hacían por cuenta propia. Entre esas damas estaba Doña Elvia, la más longeva del centro, según manifiesta la directora del Hogar Bolívar Sor Miriam Romero. Ella es muy dulce y linda. Siempre habla de Porras, manifestó Sor Miriam.
Después de una larga conversación, Doña Elvia con ganas y acierto, asume el control de sus alimentos, seguida muy de cerca por Taira. Con un poco de ayuda probó cada uno de los alimentos: sopa, puré y pescado majado porque ya no tiene sus dientes completos.
Un sorbo de sopa es interrumpido por el "flash" de la cámara que la alerta, pese a que sus ojos han perdido la capacidad de ver la luz, pero no la de las sombras, y sus oídos ya no perciben todos los sonidos. Termina sus alimentos y pide a Taira que la lleve al baño para la rutina. En la habitación le asean su boca y sus manos, rutina que solicita después de desayunar, almorzar o cenar.
Colgada en las paredes de la pequeña habitación hay una fotografía donde está junto a sus dos hijos cuando eran pequeñines. En su cama descansan dos tiernas muñecas de trapo, de las cuales una es su preferida.
Ahora, en época de reposo, uno de sus hijos, Javier Díaz, la recuerda como "una excelente madre; muy amorosa, muy enérgica, pero amorosa". "Era la gran cocinera de todo y todo rico. Nunca usó una receta. No medía nada. Todo al ojo. Era una cocinera muy, muy buena".
De los platos que su madre le cocinaba, a Javier le encantaba uno al horno con papas y chuletas. Entre capas de papas y cebolla iban las chuletas, cuya grasa daba un toque exquisito al plato. "Era un plato muy sabroso". Pero eso no era todo.
"Hacía una sopa de mariscos que mis primos decían que era para parar un muerto; le echaba pedazos de pescado, longorones, pulpo y almejas", explicó. Añora mucho los domingos cuando su madre hacía una comida y llegaban los parientes y todos quedaban regados durmiendo por lo sustancioso de los platos. "En la casa siempre había comida para todo el mundo, era muy hospitalaria. Siempre fue buena consejera; siempre es mejor tener amigos que enemigos. Tenía muchos amigos. Era muy cordial, muy jovial".
Aunque recuerda que a su madre le gustaba la música folclórica con violines y flauta, el pindín no le agradaba. Javier describió con nostalgia a su madre. Su voz no pudo esconder la añoranza de tiempos pasados con esa madre consejera, amorosa, hospitalaria, trabajadora y humana.
Para Taira, quien ha compartido 10 de los 12 años que tiene de estar la dama en el Hogar "se ha ganado mi corazón". Es muy saludable. "No tiene ninguna enfermedad", aseguró.
Explica que la trajeron al asilo para que estuviera bien cuidada porque sus hijos ya están mayores. "Tiene buen apetito. Come muy bien. Ella comía muchos mariscos, era su comida predilecta", informó.
Ella consume lo que le dan aquí o lo que le traen, comenta Taira. Cuando la comida no le gusta dice: "Esto no se puede comer", agregó. Sobre la rutina comenta que lo primero que hace es bañarla, vestirla, la lleva a la terraza a tomar sol, a escuchar noticias y luego al comedor.
Informó que a Doña Elvia le gustan los jugos y las galletas, escuchar noticias y los bailes de antaño y, a pesar de su edad, reconoce por la voz a los familiares porque sólo ve sombras.
No le gusta la música típica porque "es muy montuno". Sobre rasgos de su personalidad resalta la memoria. Esa prodigiosa memoria que le ha permitido contar anécdotas de su infancia. Una de ellas es un pasaje de la Guerra de Los Mil Días cuando su mamá, una liberal muy valiente, pasaba las armas debajo de sus amplias y largas faldas.
222 Además de gozar de buena salud, conserva una memoria prodigiosa y exuda coquetería.
"Su mamá era muy tremenda; pasaba las armas a los liberales. Como usaba esos vestidos largos se metía las armas debajo porque nadie la revisaba. No la descubrieron. Tenía un carácter muy fuerte", afirma.
Doña Elvia, "aunque estaba muy joven, se acuerda de esa guerra", contó Taira. El tiempo se agotó. Un abrazo y bendiciones sellaron la jornada. La dulzura y calidez maternal de Doña Elvia afloró. Me abrazó y me dio su bendición, creyendo que era Taira. Lo recibí sin dar explicaciones para no romper el encanto de ese instante. Para mí eso vale mucho. La bendición de un anciano es avalada por Dios. Ese día quedará en mi memoria, así como Doña Elvia, un ser excepcional bendecido por la mano de Dios.
Personas allegadas a Doña Elvia relatan que durante un acto celebrado en el Hogar Bolívar cuando entonaron el himno nacional trató de incorporarse de su silla de ruedas para cantarlo.
Quienes la rodean intentaron disuadirla, pero más valió su arraigado amor por este canto que las dificultades que ya, irremediablemente, le representaban la innata condición de sus años. "Es tan imponente el himno, merece mucho respeto" considera Doña Elvia aún hoy, a sus 106 años.
El amor por su tierra es evidente como también cuando partió de ella para Nueva York. De allá recuerda que conoció a su esposo Don Domingo Díaz Méndez, y no así qué cargo ocupó.
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.