La tala ilegal, el auge de las empresas curtidoras, el desarrollo de proyectos humanos perjudiciales y la producción de carbono sin manejo forestal representan una amenaza directa para los bosques de mangle.
A pesar de jugar un papel irreemplazable para mantener los ecosistemas costeros sanos, en los últimos 30 años en Panamá han sido devastados cerca de 6 mil hectáreas de mangle.

Ángel Vega, biólogo y profesor del Centro Regional Universitario de Veraguas, indicó que mayormente las pérdidas de estos manglares se debe al marcado avance de las fronteras agrícolas y ganaderas.
Según Vega, los manglares ocupan en nuestro país arriba de las 200 mil hectáreas y conforman el 5.6% de la cobertura boscosa del país, que se desarrollan más en el Pacífico.

En Panamá, el árbol de mangle es utilizado para la producción de carbón vegetal, leña, postes del tendido eléctrico y madera para la construcción rural.
Además, existe una demanda interna sobre la cáscara del mangle para las industrias curtidoras localizadas en Herrera, Los Santos y Chiriquí.
Según los expertos, una hectárea de bosque de manglar puede producir a un pescador beneficios cercanos a los 600 dólares anuales en productos marinos.
Un manglar bien desarrollado genera 20 toneladas métricas de hojarasca por año, alimentando muchas especies marinas.
Reserva.
El continente americano posee 13 especies de mangle, las regiones panameñas 11, pero tan solo en el Golfo de Montijo se pueden encontrar cinco especies juntas en un solo manglar: piña, blanco, negro, salado y caballero.
Este manglar ha sido explotado sabiamente por sus habitantes y lleva el nombre de El Sendero Jujuná (en honor al mono que habita en ese lugar), y se encuentra específicamente en la comunidad de El Pilón, en el corregimiento de Montijo, provincia de Veraguas, ocupando un espacio de 350 metros. y su recorrido se puede hacer en unos 40 minutos.
José Alonso Herrera y Rómulo Pineda, precursores del proyecto ecoturístico, en busca de nuevas atracciones para los turistas, empezaron a buscar en todo el área del Golfo de Montijo, concluyendo que podrían aprovechar el manglar.
Con el apoyo de especialistas y organizaciones ambientales que se interesaron en el proyecto, empezaron con la adecuación del sendero bajo recomendaciones para explotarlo sin dañarlo.
Pineda acotó que están tratando de involucrar a la comunidad, pues “esto es una herramienta de trabajo a futuro para los que quieren realizar actividades ecoturísticas y a la vez apoyan a su familia y al ecosistema.