Nación

Imprudencia mortal

Bartolomé Agüero, jefe de Operaciones del Tránsito, indicó que se iniciarán las investigaciones del caso.


MOSQUERA, padre de seis, había salido temprano para una cita en la CSS, mientras que Cedeño, estaba ilusionada por una entrevista de trabajo.
Ambos se despidieron sin saber que no regresarían a pasar con sus familiares el Día del Amor y la Amistad.
La cronología de esta triste historia comenzó a escribirse a eso de las 8:00 a.m. El autobús de la ruta La Chorrera - Panamá No. 121 con placa 8B - 1733, conducido por Oscar Araúz, de 43 años y el articulado cargado con azúcar morena, manejado por René Aparicio, proveniente de Aguadulce, con placa 977878, colisionaron.
Dos choques más se registrarían una media hora después, aunque afortunadamente no hubo muertos.
A pocas horas del desastre, todavía los pasajeros que habían sido trasladados al cuarto de Urgencias del Hospital Santo Tomás estaban consternados.
Muchos no entendían cómo, en medio de la siesta que tomaban antes de llegar a la ciudad, ocurrió semejante tragedia.
Panamá América conversó con Edilma Otero, una de las pasajeras del bus, quien contó que todo fue tan rápido que se dio cuenta cuando los vidrios de las ventanas empezaron a quebrarse.
Lo primero que vino a su mente es que moriría y sólo alcanzó a decirle a su amiga y compañera de puesto: "nos vamos a matar".
De la desesperación casi se lanza del bus, pero un señor la sujetó antes.
Familiares y amigos de los pasajeros se apersonaban al HST. Allí seguía Otero, a la espera de que un familiar la fuera a buscar, pues temía regresar sola en bus. Todavía estaba impactada.
Igualmente Marquelda Marlene Gaitán, con lágrimas en los ojos, dijo que venía dormida y sólo sintió el impacto por la parte trasera del bus.
Cuando Gaitán despertó, los nervios y la desesperación se apoderaron de ella. En medio de su tristeza, agradeció a Dios, porque no hubo más víctimas.
¿Qué fue lo que pasó? Resultaba difícil que alguien narrara con claridad lo ocurrido, pero Gaitán lo intentó.
Cree que no hubo negligencia del conductor del bus, sino del chófer de la mula, quien no frenó a tiempo. "El bus iba en su paño y no viajaba a velocidad".
A Gaitán la socorrió un policía, pues quedó atorada en la ventana.
Ricardo Carrasco estaba en compañía de su familia y manifestó que cuando sintió el impacto, saltó como resorte, aunque ya la mula le había pegado al bus. "Todos corrían desesperados sin saber qué hacer".
Los asientos se cayeron y el hierro retorcido le impedía a la mayoría salir. Carrasco explicó que una señora que estaba detrás de él se golpeó y se puso tan nerviosa como otros tantos pasajeros.
Afortunadamente, Carrasco sólo presentó trauma en la rodilla izquierda, pero lamentó que no todos tuvieran la misma suerte que él.
En el HST también estaba el conductor de la mula, René Aparicio, quien culpó al conductor del bus por lo ocurrido.
Según Aparicio, el vehículo lo rebasó y cuando él quiso frenar, no pudo contener el peso de la carga.
Dice que trató de esquivar el bus e incluso, se fue contra un poste de tendido eléctrico, pero no pudo controlar el vagón de la mula y le pegó al bus.
La carga de azúcar morena tenía como destino el muelle 6, en Balboa, como parte de un embarque de que viajaría hacia Estados Unidos.
Curiosamente Aparicio había querido prevenir un accidente y a eso de las 2:00 de la mañana se detuvo en Loma Campana a descansar. Retomó el viaje a las 7:00 y poco después ocurrió el suceso.
Los familiares de las dos personas fallecidas, al igual que de los heridos que viajaban en el bus 121 de la ruta La Chorrera-Panamá, deben contar con el apoyo económico de la Agencia de Seguros S.A. (ASSA).
Eliécer Montenegro presidente de la Sindicato de Conductores de La Chorrera, aseguró que el autobús accidentado tiene un seguro contra terceros y otro que protege a los pasajeros, lo que es una ley.
Luego del accidente del año pasado, en la autopista Arraiján-La Chorrera el seguro es obligatorio.


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267205
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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