Washington.- ¿Qué quiere decir que hay escasez de pruebas para determinar si existe trata de blancas en Panamá, aunque se "presume" que continúan los abusos de género?, pregunta el embajador panameño Roberto Alfaro, apenas suprimiendo una carcajada.
El diplomático ridiculizaba lo que calificó "la sublime vaguedad" del lenguaje del informe del Departamento de Estado que anualmente emite sobre derechos humanos en el mundo y que hizo duras críticas a la justicia panameña, entre otros sectores.
En lo que respecta a Panamá, el documento cita "alegatos" y "pruebas que no pudieron ser confirmadas", y "sin tener pruebas fehacientes".
Por otro lado, comparado con las duras denuncias a Rusia por tortura, el manipuleo de los procesos electorales y la represión de los medios informativos, el informe sobre Panamá es apenas una reprimenda de colegio secundario. Y eso que el presidente ruso, Vladimir Putin, es considerado uno de los líderes mundiales más allegados al presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
Uno de los aspectos más criticados nuevamente fueron los esfuerzos por mejorar la situación de las cárceles, una crítica perenne que las autoridades estadounidenses aplican contra el Gobierno panameño.
Por ello, es que la substancia del informe no ha cambiado sustantivamente desde 1994. El documento, difundido a comienzos de esta semana, incluye información sobre casos específicos de detención arbitraria, tortura, desaparición y corrupción en Panamá, México, y otros países del hemisferio.