Más allá de su belleza natural, visitar en esta época del año, la comunidad de Jaqué (distrito de Chepigana, provincia de Darién), ofrece el valor agregado de participar de recorridos nocturnos para presenciar el desove de las tortugas marinas.
Aquella noche, el guía sería Iber Valencia Gamboa, uno de los miembros del grupo Protección a las Tortugas Marinas en Jaqué. Llevan 18 años ayudando a que no continúe la caída en picada de la población de golfinas, declarada especie en peligro crítico de extinción.

Antes de salir a recorrer la playa, con afiche enfrente, Iber explica algunas de las características de esta tortuga que deposita sus huevos en la costa darienita. También advierte acerca del comportamiento que se debe tener para interferir lo menos posible en su ciclo natural.
Una de esas recomendaciones es no usar focos. Pero no será necesario: es noche de luna.
Pasadas las 9:00 p.m. se inicia el recorrido. No hay garantía de que esa noche se deje ver una golfina, o una tortuga verde, que es la otra especie que anida en Jaqué.
Pero en esta comunidad de 1,500 habitantes hay casi 6 km de playa, un tramo lo suficientemente extenso para soñar con el avistamiento de alguna tortuga.
Aventura
Esta vez hubo suerte. A solo 30 minutos de iniciada la caminata... ¡zas!, alguien señala una tortuga golfina saliendo de las tibias aguas, en su arrastre lento hacia un sitio adecuado para escavar y depositar hasta un centenar de huevos.
Iber Valencia corre y se adelanta al grupo. Se asegura de que nadie la alumbre; de que haya silencio. Pide que le den el espacio necesario a la tortuga.
“En cuanto sale una gran tortuga, a menudo los turistas quieren tomarse fotos o seguirla al lugar donde harán el nido, pero esto podría espantarlas”, explica Valencia.
De hecho, el grupo guarda la distancia y espera impaciente la señal del guía para acercarse a la tortuga.
Unos 30 minutos después, Valencia indica que es seguro acercarse.
“Cuando la tortuga termina de tapar el nido, queda en una especie de trance que aprovechamos para colocarle una marca, y también es seguro para tocarla, afirma Valencia.
Si esta tortuga llega a playas donde hay otros grupos de conservacionistas, la marca sirve para informarles que estuvo en Jaqué.
Hay momento para fotos, y hasta para ayudar a la tortuga a que regrese al mar. Curiosamente, regresará a esta misma playa dentro de 18 años, para hacer un segundo desove.
Y aunque la golfina desaparece en la noche, la aventura en Jaqué continúa con el proceso lúdico y didáctico de escarbar el nido, trasladar y sembrar los huevos (ver secuencia derecha).
Al día siguiente, con algo de suerte, se puede participar de la liberación de las crías de recolectas anteriores. Se deben poner en la playa para que, gracias a su sofisticada naturaleza, registren este lugar, donde 18 años después (las hembras que sobrevivan) volverán para desovar en el sitio donde nacieron... ¡toda una aventura!