Nación

Intenté un golpe de estado contra Noriega en 1987

Dieciseis años después del destape que agrietó a la dictadura, el coronel ratifica la decisión política que le ha ganado enemigos y problemas, de la cual dice estar satisfecho.


A 16 años de aquel 6 de junio de 1987 en que Panamá vivió una de las conmociones políticas más punzantes de esa época, al empezar a desmoronarse la dictadura militar con revelaciones sobre corrupción, buscamos a su principal protagonista, Roberto Díaz Herrera, entonces el número dos de la jerarquía militar y hoy coronel retirado, además de estudiante avanzado de derecho, comunicador constante por diversos medios, tratando de encontrar su análisis en retrospectiva.
Roberto, ¿qué recuerdo te ha depositado aquella denuncia contra Noriega que casi te cuesta la vida?
Son recuerdos encontrados, laberínticos si se quiere. En materia política, tristeza, al ver que, como en los coliseos romanos, los mismos que, temerosos del peligro de la dictadura terrible que se vivía me empujaban a morirme, gran parte eran hipócritas sociales, que luego se han vuelto tan malos como los que entonces ellos consideraban malos; malos en materia de decencia y ética para hacer política o hacer gobierno.
En otros aspectos, estoy más sereno, más seguro de quien soy, y más claro de no estar buscando perfecciones ni ideales en el género humano, aunque siempre me gusta buscar esa perfección y ese ideal, el cual encuentro perfectamente ante el Sagrario que consagra al más grande, Jesús.
¿Y aquellas críticas de tus ex aliados o ex compañeros que enfilaron sobre tu persona toda suerte de adjetivos peyorativos, incluida la duda sobre tu sanidad mental?...
La humanidad común, la masa, los borregos, no perdonan jamás la autenticidad, el valor espiritual, el desapego, y como ellos, la masa, no son capaces de ofrecer desprendimientos, ni de arriesgar su pellejo, lo que le parece más valioso, más que el espíritu que tiene pocos clientes, los Sanchos son más comunes y los Quijotes siempre, siempre serán tildados de locos. Dios y el tiempo que todo lo decantan, se han encargado de situar cada cosa. Dijeron tantas cosas de mi: que si denuncié a Noriega por crímenes y narcotráfico era a lo mejor porque no me habían dado la Comandancia, una comandancia embarrada entonces de carteles, de olor a cocaína, despreciable; una comandancia genuflexa ante las órdenes geopolíticas del Pentágono, que estaba feliz de tener a un hombre débil, sometido por sus crímenes y culpabilidades a ellos. ¿Quién se hubiese sentido honrado con tal comandancia?. Otra crítica que salió fue la del tiempo en que lo hice, ¿por qué tan tarde?, dijeron algunos, y no antes. No saben, como decía Napoleón, que 5 minutos antes o después de la hora no es la hora, que la hora es la hora, y exacta. Luego del macabro crimen de mi amigo Hugo Spadafora intenté un golpe militar interno.
El general Galvin, del Comando Sur, y la situación interna de fuerzas, no me lo permitieron. Noriega era el favorito de los gringos y tenía su argolla de militares adeptos. No fue entonces, pero mi sacrificio de vida y la de mis allegados, lograron convertirlo , con el apoyo popular, en un comandante desechable. La invasión americana, hipócrita, terrible e injusta, sacó del poder a un hombre acabado, politíca y moralmente. Hoy, que la fuerza política de Omar Torrijos vuelve a surgir y se reencarna en su hijo Martín y su proyecto social, sigo pensando que valió la pena semejantes riesgos, insólitos, y que nos costaron tanto.
Una cosa final, tengo información que ese gesto te ocasionó perjuicios, incluso que aún no se te cancelan derechos adquiridos.
Esos son costos complementarios, menos importantes, pero por supuesto para mi, mi familia, vitales, no sólo porque me hayan quedado sin pagar casi 5 años de pensiones de jubilado del Seguro Social, bien ganadas, bien pagadas en cotizaciones, sino por la enorme injusticia.
Todo el país sabe que me jubilé en junio de 1987, salió publicado en todos los diarios, y la ley consagra que los hechos notorios no requieren pruebas, además de que han dado testimonio el abogado que recibió internamente mi solicitud de jubilación, dos secretarias, un asistente, cuatro testigos presenciales, la argolla legal del Seguro Social negó reiteradamente el pago de mis derechos, y hoy está eso en la Corte Suprema, en apelación, esperando que se haga justicia. Todo está legalmente aclarado, esperaremos.


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121529
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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