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Jonathan Farrar: Manos del narcotráfico están detrás de delito ambiental

El aumento de delitos contra el ambiente y la vida silvestre preocupa, no solo por las afectaciones al planeta, sino por quien lo manipula: el crimen organizado.


Madera de cocobolo, solicitada en el extranjero
  • Madera exótica es el perfecto negocio lucrativo.
  • El pie de cocobolo en puerto panameño cuesta $2,000, una vez llegado a China $20,000, reveló Frank Ábrego, director general del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront). Actualmente se mantienen en custodia, en el cuartel de Santa Fe, en Darién, $5 millones en madera, y en otra finca del Senafront unos $4 millones, que son unas 500 tucas cortadas de manera ilegal. En conjunto con la Fiscalía de Darién, realiza allanamientos en fincas privadas. En una de ellas hallaron más de 600 tucas de madera de cocobolo, cuya tala y comercialización está prohibida en Panamá, reveló el comisionado.

El aumento de delitos contra el ambiente y la vida silvestre preocupa, no solo por las afectaciones al planeta, sino por quien lo manipula: el crimen organizado.

El embajador de Estados Unidos en Panamá, Jonathan Farrar, señaló que hay muchos paralelos entre delitos contra el ambiente y tema de narcotráfico.

 

“En narcotráfico se atrapa a la mula y en ambiente se atrapa al pobre agricultor”, dijo Farrar, quien solicitó a los fiscales nacionales y extranjeros expertos en este tema atrapar a las mentes detrás de este tráfico, porque allí está el problema. El planteamiento lo hizo durante el taller de Red de Observancia y Aplicación de Vida Silvestre de Centroamérica (Roavis) en nuestro país.

Este tema ha sido ventilado por el comisionado Frank Ábrego, director general del Servicio Nacional de Fronteras, quien señala que el tráfico de cocobolo y la práctica ilegal de minería en la frontera con Colombia son nuevos modos de operar del narcotráfico.

 

Sergio Valdelomar, secretario del Roavis, indicó que efectivamente hay delitos contra el ambiente relacionados con el crimen organizado y el narcotráfico, este último protege actividades de tala y minería ilegal, según reportes de países del cono sur.

Mientras, Ruth Morcillo, fiscal ambiental de Panamá, señaló que se han incrementado los delitos contra el ambiente desde 2005, cuando se incorporaron los delitos contra el ambiente en el Código Penal.

Morcillo señaló que en 2013 se reflejó alta incidencia de delitos contra la vida silvestre y delitos contra recursos naturales, refiriéndose a la tala de árboles ilegal.

 

Los lugares donde más se dan estos casos de tala indiscriminada, sobre todo de cocobolo, son la provincia de Darién, siendo la más vulnerable, le siguen Los Santos, Coclé y el distrito de Chimán.

En nuestro país, la pena por cometer delitos que tienen que ver con la fauna o flora silvestre es de 3 años de cárcel, que permiten la aplicación de medidas cautelares. Los fiscales con especialidad en ambiente consideran bajas las penas y esperan que se endurezcan y así quienes resulten culpables de estos delitos deban resarcir el daño causado al ambiente.

 


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930612
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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