Nación

La noche en que el béisbol se convirtió en tragedia

A poco más de un año del desafortunado incidente, el proceso legal sigue su curso.


EL 5 de noviembre del 2003 el público estaba listo para lo que prometía ser un buen encuentro de béisbol entre las selecciones de Panamá y Estados Unidos. Se jugaba un cupo para los Juegos Olímpicos de Atenas, Grecia 2004. Nadie imaginó que durante el canto del himno nacional vendría la desgracia.
Hubo una falla en el mecanismo de los morteros que lanzaban los fuegos artificiales e intempestivamente, éstos, que debían hacer más colorido el juego, arremetieron contra un grupo de espectadores de la gradería derecha. En ese momento, el pánico se apoderó de ellos y corrían en todas direcciones para salvar sus vidas.
Los demás asistentes no daban crédito a lo que veían sus ojos. Luego todo fue silencio y humo. Cuatro personas habían sido impactadas por fuegos artificiales: Carlos Julio, de 37 años; su hijo del mismo nombre, de 11 años; Yorelis Cerrud, de 19 años y Ricardo Vega, de 41 años, quien falleció días después. Otros seis individuos sufrieron quemaduras.
Ese incidente dejó de manifiesto las deficiencias en materia de seguridad que hubo en ese evento multitudinario. Las ambulancias y el carro de bomberos tardaron media hora abriéndose paso entre los autos estacionados en desorden y frente a las salidas.
Luego las culpas fueron de un lado al otro, y el 11 de febrero de este año se presentó la demanda. En la actualidad, el proceso está en etapa de prueba.
El abogado de las familias demandantes Julio y Vega, Líctor Reyna, especula que podría dictarse sentencia para mediados del próximo año.
Hasta ahora ninguna de las partes acusadas se les ha acercado para llegar a algún tipo de acuerdo o indemnización para las víctimas, quienes reclama por el irreparable daño recibido.
El Patronato del Estadio Nacional exige a quienes realicen eventos allí que tengan una póliza para responder en caso de una eventualidad y que cuenten con ambulancias, bomberos y demás personal de seguridad.
Las familias afectadas piden una indemnización por B/.7,725,000, por las lesiones recibidas y por el deceso del Sr. Ricardo Vega, único sustento de su casa.
El operador del mortero estaba a una distancia de 494 pies del público, detrás del estadio de ligas menores, ubicado en la parte posterior del Estadio Nacional.
Desde el accidente no se han quemado más fuegos artificiales en el Estadio Nacional.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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