Niños pérdidos, caos por la falta de transporte, personas mojadas, venta ambulante de comida y hasta protestas, fueron algunas de las curiosidades que usted no vio, durante el inicio de los trabajos de construcción del tercer juego de Esclusas.
Muchos panameños se tomaron en serio lo de ser parte de la historia, al presenciar la detonación del Cerro Paraíso, sin embargo, fueron muchos los "páramos" en buen panameño, que se vivió durante la espera y posterior explosión.
A tempranas horas, inició la venta de desayunos que algunos consideraron "caros" para la porción ofrecida. En los puntos destinados para transporte gratuito, las filas se tornaron interminables. Paralelamente, en la Plaza 5 de mayo, a las afueras del antiguo museo, extrabajadores portuarios exigían con pancartas que el gobierno les pagara sus indemnizaciones y pasivos laborales.
Al pasar las horas, cientos de panameños bajo un sol intenso, llegaban en familia, pero en la emoción de buscar un sitio apropiado para presenciar la explosición, algunos se olvidaron que eran acompañados de sus hijos, dando como resultado que algunos se perdieran.
A las 11:15 a.m., aproximadamente el expresidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter se dirigía a los panameños. A los pocos minutos el mandatario Martín Torrijos, tomó la palabra recordando las gestas históricas, justo en el momento en que pasaba un barco frente al área de explosición.
Mientras la gente aprovechaba para comer los populares "saos" y bailar al son de la canción que llevaban en sus radiograbadoras. Pero la fiesta se les acabó cuando a pocos minutos de darse la detonación con la canción Patria, de Rubén Blades, empezó a caer un torrencial aguacero, haciendo que todos corrieran en busca de refugio.
Lo peor, fue que al terminar el acto, todos los presentes estaban mojados, algunos hasta decidieron quitarse los zapatos; y la falta de transporte para salir del lugar empeoró la situación hasta el punto que algunos se peleaban los buses de las distintas rutas. Otros decidieron emprender su procesión y caminar hasta donde las fuerzas les alcanzaran.