La culminación del embarazo es para los especialistas un fenómeno normal que puede desviarse a lo anormal si al momento del nacimiento, la madre presenta complicaciones por agotamiento, presión alta o problemas cardiacos en el feto.
Para evitar riesgos, cada uno de los embarazos debe ser atendido de manera obligatoria por personal debidamente entrenado y con todas las facilidades físicas de equipos e insumos, es el concepto generalizado de quienes tienen que ver con el tema.
En la sala de maternidad del hospital Santo Tomás, donde ocurren más 16 mil nacimientos anuales, la atención por turno incluye a: un médico residente, un especialista obstetra, un médico interno, enfermeras obstetras y técnicos en enfermería, que de manera coordinada monitorean a la paciente en cada una de las fases del parto.
“Es una combinación de esfuerzo entre personal médico y de enfermería, que dependiendo de la evolución de la paciente, el parto puede ser atendido por un médico residente o médico especialista, que es quien determina qué hacer si continúa como parto normal o se ordena una cesárea”, explicó Rodrigo Velarde, jefe de los servicios de obstetricia del hospital Santo Tomás.
El especialista sostiene que existen tres grandes fases del parto - periodo de dilatación del cuello uterino y descenso, periodo expulsivo y puerperio inmediato- en cada uno de ellos pueden ocurrir complicaciones que lleven a la muerte de la paciente o del feto si no se atienden adecuadamente.
“En las dos primeras fases hay que monitorear la frecuencia cardiaca del feto, cómo avanza la dilatación del cuello y cómo avanza el descenso del feto a la parte pélvica”, dijo.
En las mujeres que han sobrepasado el tiempo de embarazo se les aplica “prostaglandina” para lograr la maduración completa del útero, y de no darse el descenso, se aplica “occitosina”que ayuda a que las contracciones del útero sean más frecuentes y ocurra la expulsión del producto, comentó Velarde . “Sin la atención adecuada, el desenlace puede ser fatal”, concluyó.