Nación

Luego del escándalo parece venir el tiempo para Al Gore


Corren tiempos inciertos para Estados Unidos después de la frustrada tentativa del Congreso de deponer al presidente William Jefferson Clinton, a quien ahora le toca reordenar los criterios de su política interna y exterior para los dos años de gobierno que le quedan.
Pero, más que nada son tiempos en los que se definen candidaturas, se reacomodan las piezas en el tablero político y las conductas y decisiones de gobierno entran en zona de turbulencia preelectoral, a pesar de que todavía falta más de un año para el comienzo oficial de la campaña electoral.
En esta situación, la política exterior, y especialmente la que se relaciona a Latinoamérica, frecuentemente queda supeditada a consideraciones de política interna.
Esto ya se vislumbra a través de los medios informativos donde la corrupción y el narcotráfico surgen como temas dominantes en vez de los agobiantes problemas de la crisis financiera y la pobreza o la tenue situación institucional en países como Paraguay y Venezuela.
"Todos estamos dispuestos a colaborar en un nuevo esfuerzo por combatir la corrupción y el narcotráfico que tanto preocupa la atención de Estados Unidos", confió a El Panamá América un embajador latinoamericano que pidió que no se usara su nombre. "Pero en este preciso momento nos parece más importante atender los serios problemas económicos y sociales que enfrentan nuestros pueblos".
Por el momento, el vicepresidente Al Gore se perfila como el más probable portaestandarte del sector centrista de los Demócratas, aunque algunos creen que el ex senador Bill Bradley de Nueva Jersey tiene importantes adeptos en el sector más progresista del partido. A su vez, los Republicanos, golpeados en la opinión pública por los excesos de sus elementos más conservadores en el proceso contra Clinton, parecen querer replegarse hacia el "conservadurismo con compasión" que enuncia el gobernador de Texas, George Bush.
Como Clinton últimamente se ha preocupado de darle un mayor perfil, ya encaminado a la campaña política, no sorprende que el presidente le haya entregado la batuta a Gore para que esta semana inaugure una espectacular campaña internacional orquestada para combatir la corrupción administrativa.
Delegaciones de unos 118 países, incluyendo Panamá, asistirán a la conferencia, llamada "Foro Global sobre la Lucha Contra la Corrupción". La reunión durará del miércoles al viernes y se realizará en el departamento de Estado.
A su vez, el departamento está concluyendo la preparación de la polémica lista para Clinton de los países aliados en la lucha antidrogas que deben o no recibir sus anuales certificados de buena conducta, ya que debe ser presentada al Congreso antes del 1 de marzo.
Tampoco sorprende que en estas circunstancias el gran aparato publicitario del gobierno esté lanzado a enfocar a los dos temas considerados como naturales para agitar la opinión pública de este país: la corrupción administrativa y el narcotráfico.
Lo deplorable es que ambos son temas que se prestan a dar una imagen negativa de Latinoamérica, frecuentemente opacando el papel de Estados Unidos como gran mercado de la droga ilícita.
Aunque los medios informativos se dedicaron el fin de semana a comentar estos eventos, contactos privados con diplomáticos y altos funcionarios de instituciones como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo revelan que en privado la atención oficial y de la comunidad diplomática está más centrada en la crisis financiera mundial y el futuro del propio equipo económico del gobierno de Clinton.
Por un lado, esto se debe a las fuertes divisiones que quedaron al descubierto durante una reunión el pasado fin de semana en Bonn, entre los europeos y Washington, sobre las medidas necesarias para combatir las fluctuaciones de los mercados financieros. Por el otro, ha creado preocupación el insistente rumor de que el secretario del Tesoro Robert Rubin está a punto de renunciar y que el nombramiento del subsecretario Lawrence Summers en su reemplazo tiene oposición dentro del gobierno.
Estas inquietudes surgieron durante la reunión en Bonn este fin de semana de los ministros de Economía y los presidentes de los bancos del grupo de países más industrializados del mundo, conocido como G-7. Aunque los ministros acordaron la creación de un foro para la estabilidad financiera que permita prevenir crisis como las de Asia y Sudamérica, no prosperó, en cambio, por la clara oposición de Estados Unidos el establecimiento de un régimen monetario entre el euro, el dólar y el yen, como proponían Alemania y Francia.
La creación del foro para la estabilidad financiera, propuesto por Hans Titmeyer, presidente del Bundesbank alemán, vino a ser una compensación a la negativa de Estados Unidos a avanzar hacia una regulación de las fluctuaciones en el cambio entre las tres principales monedas del mundo. Ya antes del encuentro, al que asistieron Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón, Rubin advirtió que la mejor manera de asegurar una estabilidad de las monedas es una correcta política económica y estructuras económicas sanas.
Frente a esta disidencia y a la delicada situación financiera descargada hace más de un año por la crisis en Asia y que ha repercutido en Brasil, donde la moneda fue devaluada en un casi 50 por ciento, algunos observadores consideran que dedicar una semana a dos temas tan endémicos como la corrupción y el narcotráfico está fuera de toda proporción y le da un carácter académico con pocas probabilidades de que tenga resultados concretos y prácticos .
Por ejemplo, el subsecretario de Estado, Stuart E. Eizenstat, reunió representantes de los principales periódicos de Estados Unidos y Europa apostados en Washington, en un esfuerzo por enfatizar la importancia que el gobierno da a la reunión sobre la corrupción, así como al hecho de que el Senado acababa de ratificar la legislación anticorrupción adoptada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europea,
Irónicamente, Eizenstat tuvo que reconocer que él había iniciado el esfuerzo por lograr que los europeos se plegaran a las normas anticorrupción que rigen en los Estados Unidos hace 20 años cuando fungió como asesor de política nacional del presidente Jimmy Carter.
Lo que no se mencionó es que Estados Unidos aún no ha ratificado una convención similar adoptada anteriormente por la Organización de los Estados Americanos (OEA), en gran medida por los heroicos esfuerzos de la entonces embajadora Harriett Babbitt, que dejó la embajada ante la OEA para asumir el segundo cargo más alto de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID).


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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