Sin una lágrima en su rostro, por ingerir tanto sedante para mitigar su dolor, Ilda Arboleda recordó cómo el mar cobró la vida de sus hijos. Mientras ella narraba el episodio más triste de su vida, pobladores y policías buscaban a los desaparecidos empleando 13 embarcaciones, un helicóptero y una aeronave. En tanto, los residentes de Jaqué, Darién, esperaba noticias del rescate de sus familiares y amigos, pero nada pasó. Quienes trabajaban afanosamente eran tres señores, quienes construían el ataúd de Nilka Pulgarín, hija adoptiva de Ilda.