Era jueves. A la 1:15 p.m., la ministra de Educación, Lucy Molinar, despedía en su despacho a una hermana de la Caridad. Era la reunión que antecedía nuestra visita. “Vengan chicos que estoy tarde”, fue el saludo. “Si hay fotos, no puedo salir sin plastobón (maquillaje)...”, dijo.
Era evidente que para Molinar, bautizada por los gremios docentes como “intransigente”, cada minuto contaba y para ella, el transcurrir del reloj se convertía en casi una agonía. Eran miles los documentos por firmar sobre su escritorio y una agenda llena de reuniones e inauguraciones pendientes.

Las lágrimas y los relatos de momentos cargados de nostalgia caracterizaron a la ministra de temple fuerte, y en un sillón forrado de cuerina redujo en un poco más de 20 minutos el trabajo de cinco años.
Cinco años de trabajo entre firma de documentos, toma de decisiones y reuniones, ¿qué experiencia le deja el cargo?
Esto fue un desafío para alguien que no tiene nada que ver con el sistema educativo. Cada vez me convenzo de que tenía que venir alguien fuera del sistema. Había que tomar decisiones muy duras. Aquí había una historia de “no” a todo.
Justamente los docentes reclamaban que Lucy no es docente.
Sí, pero yo no tenía que ser docente para hacer las cosas. Aquí lo que hicimos fue darle el valor a la gente que tenía mucha experiencia y mucha preparación. Eso no ocurría, solo se imponía el que más gritaba. Todos decían aquí el país está secuestrado. Eso se acabó, me tocó asumir el trabajo sucio.
¿Quiénes lo tenían secuestrado?
Los “no” a todo. Hubo 14 diálogos por la educación, 25 tomos de libros, por no sé cuántos años, y no se implementaban los cambios. Claro, el que venía del sistema decía esto se acaba, pero prevalecía el temor a hacer. Si yo hubiera sido del sistema, me dicen no hagas eso porque te pasamos la factura; y dos, la cobardía política. El presidente iba donde el ministro y le decía... no hagas transformación curricular para que no se tiren a la calle, ¿qué es eso?
¿Nunca recibió usted ese tipo de presiones del presidente?
No, por supuesto que no. Si hay algo que tengo que agradecerle a Ricardo Martinelli, es que respetó el compromiso que le pedí cuando le dije que sí: cero política.
Se ha hablado de auditoría para Meduca.
¡Ah!, pero eso es normal. Me encanta que la hagan. Eso sí me hace feliz. Además, porque eso da fe de lo que hemos hecho aquí, todo el mundo está contento.
¿Cree usted que el Meduca en manos de Marcela de Paredes garantiza que la semilla sembrada germine?
Lo que pasa es que al país le conviene que no me vaya. Y sí, yo creo que Marcela tiene la personalidad y la capacidad profesional, lo que se necesita para seguir adelante con los procesos.
¿La sugirió usted para ministra?
No, para nada, ¿cómo voy yo a sugerirle a un presidente que la nombre? Es más, eso que han hecho, tratarla como subalterna de Lucy Molinar, para mí es una falta de respeto.
Con tantos cambios, ¿qué fue lo que pasó que no se logró calar en todos los grupos docentes?
A los dirigentes gremiales no les vas a calar nunca nada. Pero mira, el último paro fue escasamente apoyado, solo 1.7% de los docentes.
Usted dice que su administración ha roto paradigmas.
¿En qué?
En la cultura de estructuras nuevas; en la estructura de transformación curricular y en evaluación. Eso ya echó raíces. Hay un equipo que trabaja en evaluación y actualización de contenidos. Su revisión será anualmente. La cultura de transformación curricular ya está. La cultura de evaluación, como empezamos con las universidades y ahora con los centros educativos, la gente lo probó y le gustó.
Con esto de los cambios aplicados, ¿estamos listos para medir dónde estamos? ¿Qué espera de esos resultados?
No vamos a salir de número uno ni número 10. Los cambios en educación, para que echen raíces, tienen que tomar mucho más tiempo que tan solo cinco años. Es una frivolidad decir que en cinco se puede lograr todo, porque luego se tratará de decir que todo es malo.
Siguen algunos traspiés en los temas educativos, como los embarazos en menores, las deserciones y fracasos.
.. ¿qué pasó?
Las cifras de deserciones bajaron. Y es irónico, pero afuera todo mundo reconoce la labor de Panamá en ese sentido, menos aquí. Eso no se consigue con un “abracadabra, pata de cabra”. Con el tema de las niñas embarazadas, me metí personalmente. Trabajamos todos los sábados por espacio de seis meses con estas menores para entender un poco. Y a la conclusión que llegamos fue: “Es que me da pena ser decente”. La sociedad aplaude tanto la inmoralidad y después salimos a criticar.
Había un grupo de diputadas que promovía la educación sexual en las escuelas.
Pero eso se da. Ellos lo que querían era que se impulsaran las fórmulas que proponían los organismos internacionales. Perdón, pero un organismo internacional no va a imponer a Panamá lo que hay que hacer. Eso no es viable en ninguna parte. Donde se ha aplicado no ha dado resultados.
Dicen los gremios que imperó la arbitrariedad.
Lo que pasa es que si yo me sentaba a consultar a los que están opuestos a todo, no se hacía nada. Trabajé con miles de docentes dispuestos y creía en la necesidad de cambios.
¿Cuál fue la dificultad que tuvo a lo largo de estos cinco años?
Los trámites burocráticos. Eso es infernal. A veces me halé las greñas y quise “matar”, porque es muy burocrático, pero era la garantía de que los procesos se cumplan.
¿Cree realmente que la mayoría está convencida de que van por el camino correcto?
Claro que sí. Porque si no, hubieras visto más gente en paro. Más alboroto.
Hubo tres huelgas, ¿se logró recuperar los contenidos por esos tiempos perdidos?
Entre tú y yo y todos los que nos leen: eso no se recupera. El tiempo no se recupera.
¿Qué le hubiera gustado completar que el tiempo se lo impidió?
Creo que las bases ya están sentadas. Tú no puedes soñar lo que no es posible. Queda pendiente mucho, consolidar todos los procesos. Todo está andando. Ahora le toca al sistema empujar que eso avance.
¿No se arrepiente de haber tomado decisiones en temas que no gozaban del aval de muchos?
No. Al Meduca no se puede venir a hacer lo que es popular. Porque si lo haces, no consigues nada.
¿Cuál fue la clave para alcanzar lo que logró en Educación?
Determinación.
La entrevista concluyó 20 minutos para las 2:00 p.m. De inmediato, Molinar corrió a la mesa repleta de papeles. Allí la esperaba un humeante arroz amarillo, pollo asado y ensalada verde. “No estoy comiendo, estoy tragando porque estoy tarde”. La ministra se disponía a cumplir una de sus últimas obligaciones en la Universidad Santa María la Antigua. “La agenda de este lunes 30 de julio termina con una visita en provincias, pero a las tres estoy aquí entregando las llaves”, concluyó.