La gerente general de la Zona Libre de Colón, Nilda Quijano, dijo que en estos momentos no se maneja ninguna alternativa de uso.
Fue así como Irving logró su libertad. No recibió disculpa por los golpes recibidos y para colmo le tocó caminar una larga distancia hasta llegar a su hogar, ya que sus captores ni siquiera lo regresaron a casa.
La comunidad de El Naranjal es muy próxima a la cárcel, hasta las voces y plegarias de los privados de libertad pueden oírse a lo lejos.
Los moradores saben por dónde pasan los prófugos y lo único que les queda es cerrar sus puertas al escuchar las sirenas de alerta.
Se quejaron que la Policía Nacional bajó la guardia, ya que el pasado miércoles en la noche vieron pasar a un prófugo que le pidió ropa a un residente, caminó hacia la parada, tomó un bus y se fue.
Panamá América observó ayer que en el lugar no había un sólo agente policial.
Los prófugos al pasar, indican con señales a quienes los ven que guarden silencio.
En pocos casos se han registrado robos de prendas de vestir, aún así los moradores viven atemorizados.
Al darse una evasión los habitantes de las viviendas más cercanas a las cárceles, no pueden dormir.