El exministro de Seguridad, José Raúl Mulino, se despidió del 2015, a través de una carta, donde hace alusión a los conflictos que ha enfrentado en los últimos meses y envió un mensaje a su familiares y seguidores.
A finales del año pasado hice unas reflexiones sobre lo que presentía iba a ser el 2015 y le planteaba a la persona con la que las compartía, hoy alejada, que veía venir un año difícil y muy complejo para mi. Me quedé corto. Se asomaba ya el estilo vengativo e hipócrita del nuevo gobierno y su deseo manifiesto de cubrirnos a todos con la misma manta en medio del escenario de linchamiento mediático irreflexivo que se imponía y que ha propiciado una buena cantidad de arbitrariedades de parte de fiscales complacientes y manipulados.
Ha sido un año de pérdidas dentro de una variedad de contextos. Salvo contadas excepciones, los amigos con los que empecé mantienen esa condición tan especial. Los amigos del cargo, imagino yo, mantuvieron aquella relación transitoria y falsa. Y los falsos, jamás estuvieron. Perdí 30 años de mi vida por "una decisión de negocios" envuelta en ropajes de toda índole, ausencia de valores y de respeto a los años de esfuerzo que hicieron posible que haya tenido eco esa decisión.
Lealtad significa mucho en mi libro. Me cambió la vida al inicio de su fase casi otoñal obligándome a replantear la misma en función de nuevos retos y compromisos con el futuro, cualquiera sea la duración del mismo. Perdí junto a Alexandra mi hija a su perra Frida, la cual cuidé mientras ella se fue a España y se constituyó en una gran compañera durante los días en la finca, en la playa y las caminatas en el parque. Igual pasó con Tito, un tucán que me regalaron los compañeros de Senafront y que alegraba mis días en Mi Regalo con solo verlo y oírlo junto a los potros. Y al final, y no por ello lo último, me quitaron mi libertad a través de una patraña judicial orquestada desde las alturas del poder con base en una historia bufa de la cual el hoy Mandatario fue protagonista y hace como que nunca estuvo ni existió en su vida política. Pero cada pérdida ha sido una lección que vivirá en mi memoria para siempre y de las cuales escribiré en extenso cuando vuelva a tener paz.
Cada quien estará en su sitio.
Sin embargo, contadas y grandes ganancias también tuve. Mi esposa e hijos han sabido acercarse más en medio de estas turbulencias apoyándome no solo para lograr mi libertad en gestos que me llenan de orgullo y son elogiados como ejemplares. También su apoyo en mis otras pérdidas ha sido fundamental. En mi hijo José Raúl encontré a un gran consejero y en mi hija Verónica a una guerrera profesional, ambos fueron testigos de la firma del documento que marcó un antes y un después y los invité a estar para que vieran que en la vida hay momentos difíciles, inesperados, que cambian todo y que no tienen ni tendrán justificación moral alguna. El dinero no lo es todo, por lo menos para mí. Juntos a Maricel, Alex y Monique han hecho de mis causas también sus luchas y como me dijo mi amigo Ñito Adames, hablan bien de mi rol de padre y de Maricel como madre. Sin duda ella ha sido protagonista estrella a pesar de todo lo difícil que ha sido vivir conmigo por 30 años de momentos buenos y malos. La enfermedad de mi madre la aleja de esta realidad y eso también, paradójicamente, alivia y mucho. No lo hubiera soportado.
En prisión uno valora muchas cosas y pasa la película de la vida varias veces. Qué hubiera hecho igual, qué no volvería a hacer, qué haría distinto. La sumatoria me es grata y muy cara en lo personal. Volvería a vivirla igual, a pesar de todo porque si no fuera así no volvería a ser yo, y ese gusto no lo cambio a pesar de todo lo que ha pasado. Vendrán mejores tiempos estoy seguro y por algo pasan las vainas.
Independientemente de los problemas de cada quién, en este tiempo en prisión he fortalecido y hecho nuevas y valiosas amistades que perdurarán en el tiempo. Todos los compañeros aquí no tienen por qué estar presos y como yo viven la angustia, la impotencia, la humillación, las tristezas al despedirse de sus familiares y al despertar cada día seguir en la lucha por la libertad. Al R9 mi eterna gratitud por haberme hecho estos meses llevaderos, a pesar de los muchos más que ustedes llevan aquí y de las penurias sufridas que fueron de todo tipo.
El 31 de diciembre, contrario al año pasado que celebré en la playa con cuatro amigos y mi familia, casi a sabiendas de lo que me venía, celebraré aquí como preso político que soy, porque se terminó el 2015. Al fin! Lo que se llevó y lo que perdí, son ofrendas para el futuro. Iniciamos el 2016 con perspectivas de cambios profundos y de compromisos de lucha. No queda otra opción.
Feliz Año nuevo 2016 a todos y gracias otra vez por tanto, en nombre de todos los míos.
Cada día mío aquí, es uno menos de todos ellos allá!
José Raúl Mulino.