Un grupo de legisladores oficialistas, mantiene cierto nivel de “descontento” con las medidas de austeridad y otras acciones implementadas por la administración del legislador arnulfista, Jacobo Salas, actual presidente de la Asamblea Legislativa.
Según informó un legislador oficialista, quien solicitó que no se le identificara, ese “descontento” ha provocado mayor desgano y desinterés de los legisladores en los temas que trata este órgano del Estado, razón por la cual no han mostrado mayor apoyo o defensa a algunos proyectos de ley que son iniciativa del gobierno.
Los legisladores descontentos se quejan por el atraso en el pago del personal de contrato, quienes han sido nombrados desde septiembre y, en algunos casos, cobraron hasta el pasado 24 de diciembre, después del mediodía, además hay algunos que todavía están pendientes de recibir sus emolumentos por la lentitud en el manejo de la documentación respectiva.
También hay inquietud por el manejo “tan riguroso” que se ha impuesto a las cuentas internas, lo que ha provocado que no haya papel bond para sacar fotocopias o imprimir algunos escritos de los despachos de los legisladores; que se carezca de otros insumos como material de limpieza, desinfectantes, papel higiénico, café, té o leche y otros artículos que antes eran de uso corriente en los despachos.
Según el legislador consultado, la inconformidad de los legisladores ha sido planteada de manera informal a la presidenta de la República, Mireya Moscoso, durante un encuentro de Navidad que mantuvieron recientemente.
Además se realizó una reunión con representantes del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) donde se informó que las partidas que estaban esperando los legisladores, no serían desembolsadas hasta el próximo mes de enero de 2004.
Explicó que "hay que seguir un trámite que implica la referencia del médico del área. Incluso ACNUR a través de ONPAR ha sufragado altas sumas de dinero que alcanzan hasta los 11,000 en el traslado de personas enfermas".
Milena expresó que no podía echarse a llorar por este obstáculo, porque tiene que darle fuerzas a su madre.
Eneida Garcés pudo regresar a Juradó a través de una comisión creada para que palparan la situación actual de la ciudad, junto a otros paisanos con motivo de la repatriación. Pero dijo que no regresará a su natal Colombia, pues en el estado en que se encuentra su hija, el hospital no tiene los especialistas ni las condiciones para ayudarla.
Eneida ya había terminado de preparar las cocadas que serían vendidas en el pueblo por el pequeño Plácido, de 10 años. Había que aprovechar la presencia de muchos turistas.
En medio de la conversación las lágrimas brotaron incontenibles. No soportó recordar que aún dos de sus hijos están en Colombia, y su dolor se profundiza porque el de 21 años se prepara para el servicio militar obligatorio.
Dice que cuando fue a Juradó aquello le pareció un "teatro montado". Por lo que le mostraron las autoridades, todo se veía normal.
Pudo averiguar que había sólo tres médicos y varias enfermeras, una escuela abierta y la otra ocupada por militares. "No tienen cuartel", lo que puede poner en peligro a los estudiantes si hay una incursión armada, sostuvo.
Sólo en el denominado casco urbano hay seguridad. Más de cien soldados profesionales cuidaban el área y se movilizarían al área rural, luego de ser relevados este mes por los soldados campesinos.
Eneida aseguró que el alcalde de la ciudad no le pudo responder sus inquietudes, ni tampoco de las condiciones actuales de Juradó. No quedó convencida, por lo que decidió no repatriarse junto a sus hijos.
Pensó primero en las condiciones de salud de Milena, quien aunque no reciba en estos momentos las terapias, tiene acceso a un buen servicio hospitalario.
También recordó a Didier Zuñiga, su otro hijo de 16 años, quien se ganó una beca para estudiar en el centro básico de Metetí. Tampoco quiere negarle la oportunidad a Plácido y a Stailer, de 12, de continuar con su educación básica.
Milena miraba a su madre con dolor, mientras Eneida decía que no puede regresar porque sus hijos pequeños tienen mucho temor.
Esta familia se acogió a los principios de voluntariedad para no retornar.
Eneida Garcés y sus hijos no han sido acogidos como refugiados. El ACNUR reconoce la figura de protección humanitaria provisional cuando el Estado que recurre a ella tiene un excelente proceso de elegibilidad de refugiados. En Panamá, por la gran demanda, no es posible responder adecuadamente.
Pese a su impedimento físico, Milena Mosquera se las arregla para vender bolis y paletas en su casa. En la tierra que la acogió disfruta de un paseo al atardecer en su silla de ruedas, y mirar las olas.