En menos de 24 horas, cinco homicidios se realizaron con arma de fuego en la ciudad capital, dando como resultado un total de 11 asesinatos en seis días.
El último caso registrado fue ayer al mediodía cuando José Bellido, de 27 años, recibió varios impactos de bala en la cabeza y nuca.
El asesinato se dio frente a la mirada de sus familiares, en el sector del Marañón en Calidonia, cerca al antiguo colegio Tomás Gabriel Duque.
Se presume que el hecho de sangre haya sido motivado por viejas rencillas entre bandas del área.
Tan sólo el sábado, en la entrada de la multi número 9, ubicada en el mismo sector, asesinaron a Elmond Creaux, de 44 años.
Lo curioso de los dos homicidios es que la modalidad fue casi la misma, unos sujetos que viajaban en un taxi y que estaban en complicidad terminaron con la vida de los dos hombres antes mencionados.
En el caso de Bellido, hay tres sujetos detenidos, entre estos el taxista, quienes fueron aprehendidos cerca del sector.
Sin embargo, la noche del domingo la violencia se puso peor cuando asesinaron a tres personas en diferentes lugares.
Entre estos, el menor Edwin Alvaricín, de 17 años, quien fue impactado con arma de fuego en la vía principal de Las Lajas en Chilibre.
En Río Abajo, Bairon Hinson, de 47 años, recibió 15 balazos entre la espalda y el tórax.
La misma noche, las autoridades encontraron un sujeto de generales desconocidas en Cabo Verde, quien fue asesinado al ser impactado con arma de fuego.
Ese mismo domingo, pero a las 4:00 de la tarde, Krizna Rodríguez Bría de 9 años falleció, producto de los disparos que ralizó al aire, sin medir las consecuencias, un sujeto apodado “Johnn”.
Este sujeto fue detenido por la Policía Nacional.
Criminalidad.Ante la ola de violencia que existe en el país, la directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, Aida Selles, afirmó que no se puede negar que hay un aumento de la criminalidad, sobre todo en la forma como se cometen los hechos, por lo que reitera que debe existir una política de Estado con la que se pueda combatir la delincuencia.
Explicó Selles que “estas personas están orientadas al delito, esa es su forma de vida y hay un nivel de deterioro tan grande que solo piensan que tienen que jugárselas, porque fue lo único que aprendieron”.
Sin embargo, agregó la criminóloga que, cuando ingresan a los centros penitenciarios, no se puede pretender que salgan ante la sociedad en mejores condiciones si son tratados como animales.
“Hay cultura carcelaria que muchas veces se impone ante la ausencia de programas de rehabilitación”, dijo.