Los familiares de la joven Rocío Jiménez, contagiada de SIDA mediante una transfusión de sangre, no descartan demandar al Estado panameño ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Aunque el caso se encuentra en investigación en una fiscalía, para determinar responsabilidades, los padres de Rocío consideran que el caso avanza a paso muy lento y son pocas las esperanzas que tienen de que se haga justicia.
María Esther de Jiménez, madre de la joven, se muestra inconforme con las respuestas que les han dado las autoridades y se queja del poco apoyo para darle a la afectada las atenciones de calidad que necesita.
Rocío fue contagiada de SIDA a los 7 años, cuando padecía de leucemia. Por un error, le pusieron una transfusión con sangre contaminada. La niña superó la leucemia, pero quedó contagiada y ahora, a los 16 años, lucha para no perder la vista y debe someterse a terapia para poder dar algunos pasos. Se moviliza en una silla de ruedas.
Su madre no pudo contener las lágrimas durante su conversación con El Panamá América. Sostiene que aunque su hija es fuerte, hay veces en que se deprime por su estado de salud.
La señora Jiménez dice que sienten que las autoridades de Salud se han desligado por completo de este problema pese a que tienen responsabilidad, pues les comunicaron del contagio siete años después de conocer el hecho.
"No puede ser que usted esté a cargo de un puesto público y si no le dio la gana de pasar la información oportunamente, tenga a un ser viviendo en las condiciones en que está la niña hoy. Cómo es posible que se dieran cuenta y no nos lo dijeran. Quizás la niña hoy fuera portadora del virus solamente, no una enferma de SIDA, y menos en las condiciones en que está", sostiene.
"A Rocío la llevamos a un hospital a buscar una mejoría para su leucemia y le transmitieron algo peor. Desde ahí empieza el error administrativo, humano o médico. Esto no tiene nombre. Afectarle la vida a esta niña", reiteraba la mujer con voz entrecortada.
Según el informe del Banco de Sangre, en noviembre de 1994 se descubre que el donante es enfermo de VIH, pero la niña había recibido esa sangre el 26 de julio de ese mismo año.
Cuando el caso se hizo público, se prometió ayuda para la niña, como el habilitarle un lugar cómodo en su casa.
"Le hicieron una recámara que...yo mejor hubiera preferido que no le hubieran hecho nada. Una cosa ahí, mal hecha que hemos tenido que estar emparchándola porque llueve más ahí que afuera. Ellos dicen que sí me han dado y digo que sí es verdad que nos ayudaron en ese momento porque la niña iba a salir del hospital y queríamos algo más amplio para ella". De esta forma manifiesta su sentir la madre de Rocío.
"Yo he venido porque quiero que la gente esté clara en lo que pasó, porque las autoridades han querido hacer ver que es una enferma de SIDA como cualquier otra, pero eso no lo buscó esa niña", enfatiza.
La familia de Rocío reclama una pensión especial para su hija, pues según dice la señora María, la joven necesita atención médica y cuidados de calidad.
Pone como ejemplo la preocupación que tiene cada mes cuando debe ir a buscar los medicamentos contra el SIDA a la Caja de Seguro Social. Se sobresalta cuando se acerca a la ventanilla y le dicen: "Todavía no han llegado". A veces hay retrasos y la celosa madre dice que incluso ha ido hasta la casa proveedora para garantizar que se les entreguen con puntualidad.
"Si pasan los 30 días y no tengo medicamentos, estoy en problemas con la niña porque usted sabe que la triple terapia es un ciclo. Si te relajas un poquito el virus coge cuerpo", explica.
Según Jiménez, el ministro de Salud no se ha interesado en el caso ni ha investigado, y le han solicitado una cita, pero no los ha atendido.
"Prometió que si el Banco de Sangre del Hospital Santo Tomás o el Hospital del Niño eran responsables, iban a crear un subsidio para alimentación y gastos médicos de la niña el tiempo que durara su enfermedad", afirmó.
Agregó que a casi dos años de que les anunciaron el problema, nadie se ha tomado la delicadeza de llamar para saber qué le falta a Rocío.
"Sabiendo (el ministro de Salud) que él es responsable del ministerio donde ocurrió esto, no hay presos, no hay destituidos. Los involucrados siguen trabajando. Todo el mundo está en sus puestos", dijo con voz de desesperanza.
Un elemento destacado en este caso es que la hermana de Rocío le donó las plaquetas, pero extrañamente le pusieron las del donante con SIDA.
En el informe también se afirma que se han investigado a 19 donantes, pero la familia Jiménez sostiene que a su hija donante no la incluyeron, lo que los hace dudar del procedimiento.
Afirma que la situación económica de la familia no le permite ofrecer la atención que la niña necesita, pero hacen un esfuerzo extra.
En el caso de la terapia de las piernas, hasta ahora algunas empresas se las han donado algunas sesiones, pues se las hacen en un hospital privado.
Estas terapias son para fortalecerle los músculos y evitar la rigidez. La joven permanece en una silla de ruedas, pero con los ejercicios físicos puede pararse por unos minutos en una andadera.
Aunque un infectólogo le daba sólo cuatro meses de vida en el 2001, la voluntad de Rocío la mantiene viva.
Su caso ya lo conocen los organismos de Derechos Humanos del continente y la esperanza de que se haga justicia la tiene la familia en una corte de esta jurisdicción.
Para que la adolescente siga viviendo dignamente, la familia distribuye unas volantes en la que se hace un llamado a la solidaridad con Rocío. Quienes deseen cooperar pueden llamar al 277-5878 y 652-0532, o depositar en la cuenta No. 01-71-4945 del Banco Nacional, a nombre de María E. de Jiménez.