Cuando se camina por las calles de El Chorrillo u otras áreas rojas de la ciudad se observan jóvenes de 12 a 18 años con objetivos diferentes en su vida. Algunos, con deseos de superación, y otros con simples ansias de lograr poder a cualquier precio.
El Panamá América preparó un amplio informe sobre la vida de los pandilleros, el que publicará mañana. Se presentará una radiografía del sector Pedro Obarrio, en El Chorrillo, donde un grupo de jóvenes que ha estado sumergido en el mundo de las pandillas, hoy es vivo testimonio de cambio.
Miembros de pandillas como los "Niños protegidos por Dios" aceptaron que necesitan ayuda. Para ellos, la necesidad los empuja a la delincuencia, porque comienzan vendiendo flores, limpiando vidrios o empacando en algún supermercado, pero al pasar el tiempo eso no es suficiente y se involucran en la venta y tráfico de drogas.
La investigación llegó hasta la provincia de Colón. Un pandillero recién salido de prisión se quejó de lo que sucede en la cárcel Nueva Esperanza: "Allá adentro es como un negocio, hay una corrupción y una vendedera de cigarrillos muy grande. No les conviene que se predique la palabra", asegura.
Por todo ello, piden más programas de resocialización, porque prefieren la muerte antes que la cárcel.