En los últimos meses, el Municipio de Panamá, institución que tutela el funcionamiento del Mercado de Mariscos, ha tratado de promocionarlo como un sitio turístico.
“La entrega del área del rompeolas de la Cinta Costera y la entrada del Casco Antiguo hacen del mercado una parada para los turistas locales y extranjeros”, afirma Edna Jaén, la administradora del sitio desde el mes de marzo .

Para comprobar aquellas bondades de las que hablan las autoridades de este lugar, Panamá América decidió visitarlo para conocer qué tan llamativo es el sitio que el Municipio ha querido poner de moda.
En primera instancia, en la entrada, poco atractiva, recibe al visitante un bote plástico de basura en el que se depositan desechos orgánicos e inorgánicos.

En el área de venta al por menor (mercado), la mayoría de los comerciantes que ofrecen productos del mar no utilizan los guantes para cubrir sus manos, mientras despachan todo tipo de mariscos. Esto es una violación al reglamento interno y una falta que sanciona el Ministerio de Salud (Minsa).
Jorge Hassán, director de la región metropolitana de Salud del Minsa, que ayer realizó un operativo en ese sitio, reconoció que en sus últimas visitas se detectaron varias anomalías. “Entre las faltas cometidas por estas personas se enumeran la no utilización de guantes, gorras o redecillas, delantales, el mal olor y poco aseo en los módulos de expendio de mariscos y en los puestos de venta de ceviches”.
Esta última etapa, con vista al Casco Antiguo y al Muelle Panamá (fiscal), se encuentra infestada de moscas, y carece de tanques de basura. Adicional, el ruido de las bocinas de los kioscos cevicheros, en vez de atraer al visitante, lo ahuyenta. “Queremos comer ceviches frente al mar, pero ni las sillas, ni el mal olor, ni el alto volumen de esos aparatos nos invita”, cuenta Paolo, un joven italiano que junto a su novia buscaba sin éxito un rincón para degustar ceviche.
Otra irregularidad vista por este rotativo es la venta de artículos no alimenticios dentro de estas instalaciones. Para que no ocurran esta y otras anormalidades que prohíbe el reglamento interno, asegura Jaén, vigilan tanto de día como de noche. “Aquí trabajamos con inspectores las 24 horas, quienes se encargan de hacer cumplir las normas, desde vigilancia hasta limpieza”, advirtió la funcionaria que alega contar con poco personal para cubrir todo el mercado.
El esfuerzo de los celadores pareció no surtir efecto porque el día de nuestra presencia un vendedor pregonaba tranquilamente sus jeans a precios de ganga.
Una de las características propias de este local es el intenso olor que por razones obvias no se puede evitar. Pero esta nueva administración, comentó Jaén, se ha preocupado por combatir radicalmente las pestilencias que emanan del basurero y los ductos.
En este sentido, la fuente explicó que las alcantarillas de concreto, que van directo al mar, fueron revestidas con tubos PVC para evitar que los malos olores fueran percibidos y que a diario estos conductos se fumigan con una espuma aromatizadora.
Respecto al tema de los gallotes y el basurero, Flor Flores, coordinadora de Salud de los mercados públicos del Municipio, expresó que la presencia de gallinazos y pelícanos ha ido disminuyendo debido a un método efectivo que han empleado.
“Rociamos la basura con Fizzytabs , una pastilla que se diluye en agua y que posee microorganismos que combaten las bacterias que provocan la descomposición de los desechos orgánicos”.