El pasado del diputado del PRD Pedro Miguel González tiene mucho polvo para sacudir, aunque él lo niegue.
A pesar de que salió airoso por un crimen del que se le acusó en Panamá, en Estados Unidos aún hay personal del FBI tras suspasos... Llevan 22 años sigilosos.
Pero más allá de la sed de justicia que claman los familiares de Zak Hernández y de la posición de los Estados Unidos de Norteamérica ante el hecho de sangre, durante el proceso en Panamá hubo una serie de actos que pusieron en duda la neutralidad de las autoridades de aquella época.
El 26 de enero de 1995, tras casi tres años de mantenerse en la clandestinidad, Pedro Miguel González se entregó a la cojeante justicia panameña del momento. Inmediatamente a su arribo al país, fue puesto bajo arresto mientras esperaba el día de su juicio, sin embargo, tuvo privilegios.
Una de esas facilidades consistió en enviarlo a la sede de la Fuerza Pública en Ancón, pero en poco tiempo su morada cambió a un lugar menos traumático, a la cárcel El Renacer, un reclusorio ubicado en la orilla pacífica del Canal de Panamá.
Además de esta facilidad, hubo mucha suspicacia entre la opinión pública por el hecho de que Pedro Miguel González es hijo del desaparecido Gerardo González, un político de larga trayectoria y adepto hasta los huesos del PRD, colectivo que fue considerado el brazo político de la dictadura militar que dominó y desapareció a cientos de panameños a lo largo de 21 años.
Datos
- 100 mil dólares es la recompensa que fijó el Gobierno americano para quien entregara a Pedro Miguel González y a los otros dos implicados en aquella masacre ocurrida en 1992.
- 22 años han pasado desde que Estados Unidos acusó al diputado panameño Pedro Miguel González de asesinar a mansalva al sargento puertorriqueño Zak Hernández.