Mientras millonarios proyectos se construyen en Panamá, un niño de la comunidad de Altos de La Torre, en San Miguelito, juega inocentemente en una quebrada repleta de bolsas de basura, ante la falta de instalaciones adecuadas para recrearse.
Sus ojos no saben de rascacielos, pero la pobreza en que vive es tan inmensa como el material de las moles de concreto.
Justo en esa quebrada convergen las aguas residuales de varias casas, y de forma inadecuada, se tiran bolsas de basura.
El doctor Lucas López pidió llevar a esos niños a recibir atención médica.
En estas fiestas de fin de año, muchos preparan finos regalos y otros no tienen ni para el bocado.
Hasta el mes de octubre, según informes municipales, la construcción en la ciudad arrojó una inversión de B/.881,682,262.30, pero estadísticas de la Contraloría General de la República detallan que existen unos 122,000 desempleados en el país, cuya población ocupada representa cerca de 1.3 millones de personas.
Lo que está llevando a que la población marginada se amplíe.
Él describe marginados a aquellos grupos que no tienen acceso al empleo, educación, ni salud.
"Es una contradicción que nos salta a la vista. Existiendo tanta riqueza, la población está cada vez más pobre", precisó.
Las cifras de pobreza en Panamá donde apuntan a un 40% de pobreza y 20% pobreza extrema no terminan de convencer al padre Rosendo Torres.
El religioso señaló que sólo hay que salir de la ciudad para ver los hogares desintegrados y la gente sin trabajo.
"Hay dos Panamá, la de los rascacielos y la de ranchos con techos de cartón", opinó.
El padre Torres cree que no hay que echarle la culpa a nadie, pero resaltó que hay un sistema económico que domina.
Sergio Pérez, director de la Región de Salud de San Miguelito, explicó que en Altos de La Torre, ubicado en el Valle de Urracá, corregimiento de Arnulfo Arias, se han dado casos de niños de bajo peso.