Como en toda historia, ésta también tiene personajes secundarios, puesto que no son ellos los involucrados en la construcción, pero sí los perjudicados.
En los lugares aledaños a los trabajos del ensanche se vive un caos. En poblaciones como Los Boquerones en Santiago las casas han quedado atrapadas en medio de un gran lodazal, del que logran salir descalzos para luego lavarse los pies una vez llegan a las paradas.
Y es que ni los que tienen automóvil se salvan. Cuando llueve muy fuerte el aguacero los atasca.
Los niños de la escuela primaria Los Boquerones tienen que enlodarse para poder llegar a sus aulas porque el centro educativo quedó en medio del ensanche.
Los padres de familia también están preocupados porque se requiere con urgencia colocar señales de tránsito para que los conductores disminuyan la velocidad.
Esperan que la empresa constructora incluya en el ensanche el puente peatonal para proteger a los niños de accidentes.
Aquí la gente denunció que para el ensanche se cortaron árboles que no estorbaban, sólo con el propósito de comercializarlos.
Igualmente en El Espino se quejan de que los buses del transporte colectivo no tienen dónde detenerse porque la vía existente tiene niveles muy altos y los transportistas no quieren realizar paradas.
Hay quejas de los pobladores en El Roble de Aguadulce, los Canelos en Santiago y otros sitios, donde más de uno no dudó en expresar su descontento.
Los transportistas también son los afectados por los atrasos.
Los de la ruta interna de El Espino en Veraguas realizaron recientemente una protesta porque no pueden efectuar paradas en ciertos lugares de la vía debido al lodo y al desnivel que hay en la carretera.