Nación

Posible tregua estratégica por futuras relaciones con Panamá


Washington- Una velada y aparentemente exitosa maniobra política para descongelar las relaciones entre el presidente demócrata Bill Clinton y el presidente de la Cámara Baja, el congresista republicano J. Dennis Hastert, podría frenar la campaña conservadora que cuestiona la capacidad de Panamá de mantener la seguridad del Canal, después de que éste se integre al territorio panameño el 31 de diciembre.
La "tregua estratégica", como lo llaman algunos observadores políticos, es el fruto de un deliberado esfuerzo de Clinton de mejorar sus relaciones personales con Hastert, un hombre de temperamento más moderado que el líder del Senado, Trent Lott.
Lott fue uno de los políticos republicanos más influyentes que impulsaron la iniciativa de los congresistas del ala derecha del partido republicano, Dana Rohrabacher, Bob Barr y Dan Burton, para lanzar una serie de audiencias en ambas cámaras con el propósito de generar alarma con el argumento de que la salida de Estados Unidos de Panamá es una invitación a que la China Comunista eventualmente se apodere del Canal.
Específicamente, este grupo intentó poner en entredicho los acuerdos portuarios que el gobierno panameño ha concertado con Hutchison Whampoa de Hong Kong, para operar dos puertos en ambos lados del Canal.
En el Senado la iniciativa no fue muy bien recibida debido a que el Senador John Warner, Republicano de Virginia y presidente de la Comisión de Defensa, hizo suya la tesis del gobierno de que ni China representaba una amenaza, ni Panamá carecía de la habilidad de manejar ordenadamente el Canal.
Tampoco en la cámara había más de un puñado de conservadores listos para mantener al rojo la polémica sobre el Canal.
"Para Hastert la transferencia del Canal es un hecho consumado", confió una fuente republicana del Congreso que pidió que no se utilizara su nombre.
"Por consiguiente, su primera prioridad en política exterior es lograr que el gobierno cumpla su promesa de presentar un gran paquete de ayuda al gobierno de Colombia para combatir el narcotráfico y estar en mejor condición para repeler los avances de los grupos insurgentes".
A la posición del presidente de la Cámara se han sumado congresistas claves como Benjamin Gilman, un republicano moderado de Nueva York que preside el Comité de Asuntos Internacionales, así como Jim Leach, republicano de Iowa que preside el Comité Bancario.
"En lo que corresponde a la política hacia Panamá, Clinton ha cometido un error tras otro, pero en este caso la suerte está echada," comentó un funcionario del comité de Gilman.
"Ahora continuamos a la espera de que la Casa Blanca nos envíe su paquete de apoyo a Colombia que prometía ser de más de 1500 millones de dólares pero que hasta el momento sólo llega a los 350 millones".
Estos funcionarios expresaron interés en seguir atentamente los tanteos en que han entrado los gobiernos de Estados Unidos y Panamá para forjar una nueva relación "más equitativa y solidaria" en palabras del canciller panameño José Miguel Alemán.
Tras una reunión preliminar entre altos funcionarios de ambos gobiernos celebrada en Washington el 23 de noviembre, los dos gobiernos han convocado un encuentro bilateral a comienzos del próximo año de varios grupos de trabajo que representarán los sectores de seguridad, transparencia en el arte de gobierno, comercio y, desarrollo social.
El presidente colombiano, Andrés Pastrana, hace semanas anunciaba que esperaba unos 3.500 millones de ayuda exterior para reequipar su ejército, financiar acciones sociales calculadas a reducir la influencia de las guerrillas y dar mayor apoyo a las fuerzas policiales a cargo de la lucha contra el narcotráfico. Pero, frente a los urgentes reclamos de Gilman y de varias asociaciones políticas y económicas, el gobierno de Clinton está tomando su buen tiempo.
El primer indicio del acercamiento entre los dos contrincantes políticos fue revelado en The Washington Post que indicó que los dos mejoraron sus relaciones personales a través de "apuradas reuniones al margen de las ceremonias oficiales y durante rápidas llamadas internacionales lograron un trato correcto que no sería nada extraordinario si no fuera por el clima de extrema hostilidad y partidismo que existe desde que el Congreso trató de enjuiciar a Clinton el año pasado.
También ayudó el hecho de que Hastert es un hombre práctico que entiende que el y Clinton comparten intereses en llegar a algunos acuerdos como ser comercio internacional, desarrollo urbano y rural y la adopción de medidas mas efectivas para combatir al narcotráfico.
"Se necesitan el uno al otro," comentó John Pitney, profesor de política del Claremont McKenna College, al Post. "Clinton quiere lograr la aprobación de algunas de sus medidas por el Congreso y Hastert querrá que algunos proyectos de ley sean firmados por el presidente".


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101 años de Panamá América

 
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