El hasta ayer ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, es uno de los vicepresidentes del partido gobernante Cambio Democrático (CD), y uno de los principales propulsores de la adhesión del desaparecido colectivo Unión Patriótica a la agrupación política fundada por el presidente Ricardo Martinelli.
Mulino, quien solo a finales del año pasado expresó que no era hombre de renuncia, decidió abandonar su cargo de manera irrevocable tras diferencias con el director de la Policía Nacional, Gustavo Pérez.
Esta dimisión, a juicio de analistas políticos, es considerada una crisis institucional de gobierno y el punto que podría implicar algún impacto a lo interno del partido gobernante, por ser Mulino vicepresidente CD.
Para los analistas, las diferencias pudieran surgir a lo interno del colectivo, dependiendo de la actitud que decida tomar una vez abandone el cargo.
Aunque los expertos en materia política coinciden en que la decisión tomada por el titular de Seguridad era lo que cualquier ministro que se siente desautorizado haría, sostienen que fue un irrespeto por parte del director de la Policía hacer declaraciones en contra de la decisiones tomadas dentro del Consejo de Gabinete.
Manifiestan, asimismo, que cada vez más sale a relucir la lucha de poderes que mantienen los miembros del Gabinete y directores de instituciones por mantener el respaldo del mandatario Martinelli, lo que desgasta más las actuaciones del Gobierno.
Mario Rognoni dijo que las afectaciones en el partido serían que los otros miembros del fusionado colectivo y del Gabinete quedaran con el temor de que no se respeta su autoridad dentro de CD, por la desautorización que un subalterno le hizo a su copartidario.
“Esto llevaría a que corra en los miembros directivos del Gobierno el temor de también ser exhibidos y desautorizados por subalternos”, manifestó.
No obstante, agregó que cualquier titular que es desautorizado tiene forzosamente que renunciar si tiene “dignidad” porque no siente el respaldo de su jefe, en este caso, el mandatario.
Para Edwin Cabrera las cosas son más complicadas para el Gobierno con esta renuncia, ya que se deja claro que un subalterno tiene más autoridad que el Consejo de Gabinete, además de que a mitad de gestión el presidente Martinelli tendrá que hacer cambios de Gabinete.
“Cada vez se agrava más la crisis de institucionalidad que mantiene el Gobierno actual”, destacó.
El que también dio su opinión fue Jaime Porcell, al asegurar que la decisión de Mulino debe ser un llamado de atención dentro del colectivo y el Gobierno, para que se revisen las líneas de autoridad que existen.
“Está renunciando una alta figura del partido gobernante, que ha actuado dentro del mismo como el ‘chico malo’”, sostuvo.
Por su parte, el ministro de Comercio e Industrias y también miembro de la junta directiva de CD, Ricardo Quijano, aunque se abstuvo de emitir comentario alguno sobre la renuncia de su copartidario, dijo que nada tiene que ver la decisión del ministro de Seguridad con el partido.
“Son cosas diferentes: una cosa es el partido y otra el Gabinete”, aclaró.
Agregó que será el presidente el que decida en su momento nombrar a la figura que él crea conveniente como ministro de Seguridad a partir del 15 de marzo.
No obstante, concluyó que Mulino ha hecho un trabajo excelente e importante dentro de los estamentos de seguridad.
Sin embargo, el ministro de Seguridad, que no goza de la simpatía de miembros de la sociedad civil, recibió el respaldo de la Asamblea Ciudadana, que extendió un comunicado pidiendo la separación del cargo del director de la Policía, tras considerar que violó en varias ocasiones la Constitución Política.