En este afán, los propios moradores han emprendido creativas inicaitivas.
Maritza Vega no escapa a esta realidad. Desde hace cuatro años inició un negocio pequeño de venta de alimentos y enseres básicos, y hoy tiene la "Abarrotería Deidín".
Según Maritza, esta fue la solución para minimizar un poco los grandes gastos que tenía con su familia, y a la vez una forma de apoyo a la comunidad.
"Al principio las personas y los vecinos me pedían los productos "fiados", yo aceptaba por consideración, porque sé que aquí la situación es dura, pero al pasar el tiempo no pagaban y me perjudicaba".
Maritza manifestó que trata de mantener el negocio con los productos básicos, pero se le dificulta porque no tiene transporte.
"Yo a diario debo salir para traer la mercancía, no tengo transporte y debo jugármela para traer todos los días mis productos de afuera, y es que Pacora es un pueblo que está muy lejos".
El negocio que decidió emprender María de Lobo es una Parrillada, con venta de comida, pollo asado y torrejitas de maíz, pero la atraccción de la noche es una rocola de los tiempos de su abuela.
Según contó doña María, el negocio lo empezó debido a la situación difícil del lugar. "El negocio nos sirve para pagar las deudas de los créditos que pedimos con el pollo y nos queda para comer".
Atienden sábado y domingo y le funciona porque el agua llega los martes y viernes, así que recojo para la venta.
Además del problema del agua, el transporte, y la distancia que hay entre la ciudad y Pacora, la situación se empeora porque no hay empleo a lo interno del lugar.
" Es muy difícil buscar trabajo y tener que salir allá afuera, a la gran ciudad", comentaron varios moradores.
Entre los negocios más pujantes están las abarroterías, lavamáticos, barbería, salón de belleza, venta de gasolina, parrilladas, restaurantes, todos instalados en sus propias casas.
También se observan talleres improvisados, donde incluso se compran metales (hierro).