Nación

Sólo la voluntad hará posible crecimiento económico


EXAMEN, DIAGNOSTICO Y RECETAS
La convocatoria a diversos sectores para que formulen recomendaciones sobre políticas públicas que generen empleos y promuevan el crecimiento económico sería conveniente si efectivamente existe la voluntad de que se produzcan los cambios necesarios. Este no es un problema exclusivamente del Gobierno. El cambio no se producirá a menos que los panameños reconozcamos que ahora las cosas son distintas y es preciso actuar con total eficiencia y transparencia.
A pesar de que continúan pendientes temas de controversia sobre política económica, se han identificado adecuadamente algunos sectores y proyectos que representan oportunidades reales pero que todavía no despegan. Por lo tanto, lo primero que debe hacerse es determinar las causas de esa lentitud o falta de acción. En este contexto basta citar el aprovechamiento de áreas revertidas, el sector marítimo, y temas relativos al futuro y ampliación del Canal incluyendo nuevas cuencas, el turismo, la zona libre petrolera y el transporte intermodal.
CAUSAS DEL ENDEUDAMIENTO
Conviene un examen del pasado. Cuando se produce el golpe de Estado de 1968, la deuda pública era cerca de $300 millones. Hoy se aproxima a los $7,000 millones. El crecimiento del Estado, la intervención estatal en la economía, el déficit fiscal sostenido, el prevendalismo, los privilegios a gremios y grupos especiales, el peso del servicio de la enorme deuda pública forzaron a aquellos gobiernos a recurrir a endeudamientos adicionales.
Los problemas se resuelven con soluciones que deben surgir primordialmente de los gobiernos con la correspondiente aceptación de la opinión pública. Aunque las condiciones no son exactamente iguales, es importante señalar, por ejemplo, lo que ocurrió a partir de 1990 en el esfuerzo de lograr la recuperación económica tras el colapso de la dictadura militar.
En el aspecto económico el sector privado generó inversiones, repatriaron capitales, aumentó la producción y el empleo, recuperamos la confianza, el entusiasmo, la credibilidad y la esperanza. El sector público hizo lo que le correspondía: Restablecer las libertades y la democracia. Saneamiento de las finanzas públicas; imponer orden y disciplina fiscal; funcionar con presupuestos equilibrados; atender los pagos de las obligaciones internas del Tesoro Nacional; resolver la morosidad con las IFIS a iniciar el refinamiento de las deuda externa comercial. El ahorro interno se constituyó en elemento importante en el financiamiento del gasto público. Prevaleció el principio de que el que no trabaja no cobra. La ayuda exterior fue bien administrada. Pero caímos en la condicionalidad impuesta por las Instituciones Financieras Internacionales (IFIS), cuyos dictados se convirtieron en criterios determinantes de las políticas públicas. Se acataban las condiciones o no había desembolsos de fondos. No obstante haber pactado con las IFIS, el Gobierno de Guillermo Endara desestimó muchas de las condiciones acordadas. Ese gobierno democrático tuvo un manejo diferente y no tenía gran urgencia por recibir el dinero de las IFIS.
Posteriormente, el siguiente Gobierno, embarcado como estaba en proyectos dependientes del crédito externo, tuvo que cumplir con las normas y exigencias de las IFIS. Así se aceptó y se impuso el neoliberalismo, la globalización, la afiliación a la OMC y las privatizaciones de las grandes empresas estatales. Surgieron también el Ente Regulador de los Servicios Públicos y la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC). Los sectores de la banca, seguros y valores resultaron afectados por orientaciones normativas e innovadoras.
Los nuevos dogmas económicos se extendieron por todo el sector público. Lo que no evolucionó fue la actitud y mentalidad de los panameños. Y tampoco fueron suplantadas o derogadas leyes, principios y normas que estaban y siguen vinculadas a disposiciones constitucionales inspiradas en el intervencionismo estatal. Lo que es más grave, las reformas y cambios que se han introducido al engranaje administrativo y los nuevos conceptos e instituciones no han sido debidamente divulgados: todavía notamos que el público espera y reclama que las nuevas entidades reguladoras cumplan o desarrollen funciones para las cuales no están autorizadas ni facultadas. Tampoco es de extrañar el desconocimiento que sobre estos asuntos tienen muchos altos personeros del Gobierno. En consecuencia las nuevas instituciones no pueden cumplir a cabalidad los objetivos para los cuales fueron creadas.
Conviene destacar que con una democracia efectiva, con elecciones libres, alternabilidad en el poder y medios de divulgación más dispuestos a la denuncia y a ventilar la verdad, en ese público alerta exista ahora mayor exigencia de transparencia y de "responsabilidad" o "accountability". Un cuidadoso examen.
RESPONSABILIDAD GUBERNAMENTAL
Es obligación de los gobiernos tomar las iniciativas para encontrar soluciones. En todo caso debe prevalecer la voluntad de hacer las cosas dentro de las normas legales e instituciones vigentes. Si existen principios constitucionales que ameritan cambios, tendremos que promover las reformas necesarias.
No es cierto que es mejor gobierno aquél que más dinero gasta. La ejecución del presupuesto no depende solamente de la existencia de partidas presupuestales. La solución de problemas y satisfacción de necesidades de la población depende, en gran parte, de la eficiencia de los servicios públicos. Y, repito siempre, si los pobres reciben mejores servicios de educación, salud, seguridad, vivienda, acueducto y caminos, aunque sigan siendo pobres será con más alivio, y mayor esperanza y oportunidades. La calidad de los servicios públicos depende tanto de la voluntad de los que gobiernan como de los fondos asignados. El mal uso y despilfarro por ineficiencia y corrupción de los recursos del Estado exigen mayor decisión y voluntad de mejorar la prestación de servicios a los pobres. Pensar que un aumento en las inversiones públicas en infraestructuras es la panacea de los problemas traerá nuevas frustraciones si esas inversiones no corresponden a verdaderas necesidades y falta la necesaria transparencia en las contrataciones públicas. No es cuestión de populismo. No basta hablar con simpatía de que nos preocupa la condición de los pobres.
Marchar a contrapunto de compromisos internacionales sería un error. Tampoco podemos repetir errores que son costosos. Debemos evitar, con la adecuada divulgación y aplicación de la información necesaria, que el tiempo transcurra, se disipen recursos y se pierdan oportunidades valiosas.
URGE DEFINIR EL CAMINO A SEGUIR
La cuestión va más allá de promover nuevos foros y producir recomendaciones. Estas serían sólo las recetas. Tenemos que llegar a la conclusión de que el cambio que el país requiere no es sólo cuestión de medidas económicas. No bastan recetas. Es también asunto de definir el camino que debemos seguir, adecuando y coordinando las instituciones que tenemos y si es necesario cambiar las que deban merecer ese trato. No esperemos soluciones fáciles. Hay que tomar las medicinas. El problema es de fondo y su única solución requiere liderazgo de estadista y clara definición de objetivos.


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5621
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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