FALTAN sólo cinco minutos para que empiece el sorteo dominical y en la Plaza Víctor Julio Gutiérrez hace un calor insoportable.
Las autoridades acudieron temprano y los medios también, pero los abanicos que colocaron en el techo después de la remodelación de la plaza no logran refrescar ni siquiera al Sr. Gobernador, que suda copiosamente y trata de limpiarse con un pequeño pañuelo, para lucir espléndido ante las cámaras, aunque con ese traje sastre parece lucir algo incómodo, porque el ambiente es sofocante.
¿Será por eso que buscando zonas frescas han traslado los sorteos hacia otras áreas del país?, me pregunté, mientras un billetero me ofrecía "los últimos" que podrían ser los ganadores, y qué suerte la mía, llevaba el 32 que andaba buscando, porque así me lo recomendó mi abuela y una tía que tiene el "libro de los sueños".
Esto, porque no sé si por todo lo que comí antes de acostarme soñé que una culebra bailaba frente a mí. Por eso me dijeron que jugara al 32, y con una bendición mi abuela me pidió que me cuidara de los enemigos, porque el sueño podría ser una advertencia.
De seguro que para estas horas ella está sentada en el sillón de la esquina de la casa y como de costumbre todo la labor doméstica se ha paralizado.
Incluso, aparte de que no se le presta dinero a nadie, ni se paga nada, la hora del almuerzo se pospone. Y por supuesto, que como buena "cabalosa", y siguiendo lo que le enseñó mi bisabuela, no han barrido la casa, porque espantarían a la "Señora Suerte".
Además, es una norma que todo el mundo esté como una estatua durante el sorteo, porque ¡hay de que cruces las piernas o los brazos, te pares en la puerta o emitas un quejido mientras se mueven las balotas en el "ánfora de la fortuna"... porque como decía mi "tatica Juan": "Te puedo quemar la jocica si me espantas los números"!
Malcon Ramos y la comitiva de medios está casi lista para empezar una de las más esperadas transmisiones a nivel nacional, ya que las 40 balotas de marfil, que son fuertemente custodiadas y se transportan cual si fueran diamantes en una caja de cristal, fueron contadas y verificadas frente a los espectadores.
Doña Beatriz luce ansiosa y está parada en la esquina de siempre y suspira mientras las balotas son contadas. Ella acude desde hace más de 35 años a la plaza, y se siente optimista porque desde que el Nuevo Gobernador saca las balotas, y las abre sin dificultad, ha ganado a montón, aunque la mayoría opina que él sólo sabe sacar números altos y feos.
La doña dice que para hoy la pirámide chica indicaba que jugaría las decenas del 50 - 30 y 40, pero la "grande" dice que serán la del 20-00-50.
Sin embargo, ella prefiere hacerle caso a la del "makumbero" y se arropó con la del 60- 90 y 80.
El bombo metálico comenzó a girar y no había jugado la primera cifra cuando Demetrio, quien se ubicó en medio de la plaza, comenzó a renegar y a estrujar la faja de billetes que había comprado. "Estoy marcando mal", dijo.
La multitud pujaba y repujaba los números. Había gente que hasta contenía la respiración y sudaba frío, mientras que se desvanecían las esperanzas pues al paso del primero, segundo y tercer premio no sonaban sus números como el ganador.
Entre tanto, durante cada pausa, el Gobernador aprovechaba y se limpiaba el sudor y parecía estar sediento. Mientras que los niños encargados de sacar las balotas del ánfora lucían emocionados, pero para mal indicio y rompiendo las reglas de los más cabalosos cruzaban los brazos, por lo que doña "S" se molestaba y les hacía muecas para que cambiaran de actitud.
Hasta Malcon sudaba copiosamente y parecía estar sediento.
Mientras su colega Moisés lucía más fresco y tenía a sus pies más de 6 botellas de agua.
La última cifra del tercer premio estaba por jugar y hubo alguien que gritó ¡Sálvese quien pueda!
Para suerte de todos, aquel día nadie se ganó el acumulado del "gordo" y continúan latentes las esperanzas de convertirnos en millonarios, aunque pospusieron el sorteo para el viernes próximo (4 de marzo).
La plaza poco a poco quedó solitaria, mientras caras alegres y tristes se retiraban, unas a sus hogares, otras a la ventanilla de cobro, pero Doña Beatriz renegaba y renegaba. ¿Qué le pasó doñita? Con braveza respondió: "antes de entrar a la plaza me ofrecieron el billete ganador. Ese 1283". ¿Y lo compró? Se dio media vuelta y me miró: ¡Otro se me adelantó! - Vaya suerte-. Para sorpresa, Demetrio, que al iniciar el sorteo renegaba y renegaba, resultó ganador, y secretamente en uno de sus bolsillos sacó unos pedacitos que compró a lo "tapao" y en estos sí que marcó.
Por mi parte, me quedo con las advertencias de mi abuela y mi tía, no vaya a ser que me muerda la culebra, y también me olvido de comer en exceso antes de dormir.
EL doctor Belisario Porras fue el fundador de la Lotería Nacional de Beneficencia.
¡Suerte y Alegría!
Los panameños no escatiman en gastar y apostar a los números de la suerte.