Nación

Temor en escuela por erosión en una ladera


La directora tiene temor por los niños, el personal de la escuela y los vecinos.
Una peligrosa ladera se sigue erosionando por la acción de un chorro de agua que cae del techo de la Escuela Gaspar Octavio Hernández, en el corregimiento de Juan Díaz.
Tres aulas de clase, el comedor y los baños, hacen que el área donde está el peligro sea el paso obligado de estudiantes, personal docente y administrativo.
Guillermina Chacón llegó a la dirección del centro educativo este año y desde entonces su angustia no ha cesado.
"Me daba miedo ir al baño, pero me dije: Tengo que poner el ejemplo", le confesó a El Panamá América mientras señalaba el área.
Un canal de metal que debe recoger el agua lluvia se ha oxidado, y deja filtrar el agua que, durante torrenciales aguaceros, cae con furia y ha oradado la pendiente.
La escuela está ubicada en un área alta y desde arriba se puede advertir el peligro. Abajo hay varias casas que cuando llueve, reciben todo el material que el agua arrastra.
Como para atender problemas de esta naturaleza el sistema educativo está sumergido en tantos controles que algunos denominan "exceso de burocracia", la respuesta no ha llegado.
La directora considera que el tema es prioritario y hacia allá de han dirigido los esfuerzos de la comunidad educativa de la escuela.
De los escuálidos fondos de la Ley 13, que son 8, 070 balboas, han destinado B/. 2,800 para resolver el problema del canal, el que hay que reemplazar para que el agua corra hacia un área menos peligrosa y no socave las estructuras del pabellón de la escuela.
Mediante un consenso entre estudiantes de la escuela, padres de familia, sociedad civil, docentes y la dirección, se armó un proyecto para presentarlo al Ministerio de Educación.
Al parecer la respuesta a la calamidad está cerca, pero las autoridades educativas deben depositar los fondos.
La profesora Chacón dice que mientras esperan, ella sigue orando. Durante los torrenciales aguaceros del viernes, sus plegarias no cesaban y el fin de semana estuvo llamando a los vecinos para saber si había novedades. Afortunadamente no ha ocurrido nada lamentable, pero la educadora está angustiada.
"Sé que se van a ir muchos fondos en esto pero mi prioridad es la vida de los 288 estudiantes y de los vecinos", dice con firmeza.
Sara de Robles es una de las vecinas de la escuela. Tiene 21 años de vivir en la Barriada Santa Inés.
Cuando estaba en trámites de casa inspeccionó el área y vio la amenazante ladera en la parte posterior. Quiso arrepentirse pero le dijeron: "Tómela o déjela".
"Mi familia venía del interior y me puse a pensar que peor era nada, así que compramos la propiedad", relata.
Es unas de las cinco familias próximas a las escuela más amenazadas por un probable derrumbe. Los días de lluvia intensa son para ellos muy preocupantes.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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