El triunfo electoral de Martín Torrijos ha supuesto el regreso al poder de la centroizquierda en Panamá y un cambio en la escena política centroamericana caracterizada por gobiernos conservadores.
En las elecciones del pasado mes de mayo el pueblo eligió a Torrijos, -el hijo del caudillo Omar Torrijos (que controló el gobierno de 1968 a 1981), y dio un voto de castigo al gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, del derechista Partido Arnulfista.
Con el acceso al poder del Partido Revolucionario Democrático (PRD), miembro de la Internacional Socialista, se ha quebrado la hegemonía conservadora en la región.
El escenario conservador está representado por los gobiernos de Enrique Bolaños, en Nicaragua; Elías Saca, en El Salvador; Abel Pacheco, en Costa Rica; Oscar Berger, en Guatemala, y Ricardo Maduro, en Honduras.
La aparición de un gobierno de centroizquierda en Panamá coincide también con gobiernos progresistas, disímiles, pero concordantes entre sí, en Brasil, Venezuela, Argentina y Uruguay.
El triunfo de Torrijos fue, en parte, por la polémica gestión de la conservadora Moscoso, acosada en los últimos meses de su mandato por acusaciones de corrupción.
Allí se discuten los problemas del pueblo, la realidad nacional, la poca o mucha ayuda, la falta de agua potable, la precaria situación de una madre y su hijo ciego, el pésimo estado de las vías de comunicación, la edad precisa para casarse...
Desde el cielo se observaba un pueblo desolado, la vista era desgarradora. Las casas, que no son muchas, está en proceso de reconstrucción, pero la escuela, de esa sólo quedó el piso. Las paredes no conocieron la pintura.
Las autoridades y los periodistas fueron recibidos, como era de esperarse, en aquel "lobby". No faltó ni un solo indígena de la remota región de El Salto a aquel encuentro, que en ausencia de algo mejor, se convierte en todo un evento. El que no vio bajar el helicóptero definitivamente no estaba, como Guillermo Fogoná, el dirigente que había salido dos días antes a Puerto Peñita a buscar comida.
Su esposa, Rosalía tenía preparado un discurso. Ella es una mujer de esas a las que el tamaño no les hace justicia. Habla sin reparo y logra agitar masas. En poco menos de cinco minutos ya había puesto en conocimiento a los representantes del Gobierno de las novedades del área.
Pidió ayuda para su hijo, quien tiene labio leporino, recordó el temor que vivieron aquellos días de inundación y aclaró que la comida estaba llegando, pero necesitaban más presencia médica.
Precisamente allí fue la despedida. Los visitantes partimos y los indígenas se quedaron una vez más diciendo adiós desde el "lobby". A ellos pocas veces les toca estar del otro lado de la moneda y viajar, a menos que la enfermedad les haga el favor.