Nación

Trabajan, pero duermen como menesterosos


Los dormitorios improvisados en la ciudad capital, generalmente son asociados con gente del mal vivir quienes, producto del consumo de droga y alcohol, han perdido a su familia y hogares.
Nada más lejos de la verdad. También estos dormitorios de cajas de cartón son utilizados por gente productiva que hace su aporte al desarrollo nacional, como también por individuos que han hecho de la venta de "mercancía seca", su modus vivendi.
Este último es el caso del popular terraplén en el mercado público. El Terraplén es un lugar comercial donde la descarga de los botes de pesca, la venta de frutas y verduras, así como de toda clase de mercancía seca, desde un electrodoméstico hasta una tubería, han convertido el sitio en un punto de efervescencia y de puja y repuja de gran cantidad de productos, de los cuales muchos provienen de todo un mercado negro.
Y aunque también hay venta de sexo y consumo de drogas, muchas de las personas que pululan por el área, tienen décadas de comerciar e incluso vivir en hogares improvisados en sus alrededores.
La mayoría está en este lugar alejada de sus hogares porque corre el dinero como agua, puede ganar el real con sólo trabajar unas cuantas horas y se queda para siempre, con lo que han coartado su oportunidad de un futuro más promisorio.
Y dormir allá, en la calle del Terraplén no es problema. Para eso hay cartones ... y quien los comercia.
"Cojito", un viejo "residente" del sector, compra los cartones a "comerciantes" que los recogen en las aceras de los almacenes de la Peatonal y luego se los venden a 10 centésimos cada uno. El los revende "al por menor" a 25 centésimos.
Estos sirven de colcha y colchón a más de 20 personas por día, que no pueden irse a sus casas. Unas, porque no las tienen; otras, porque no se atreven a dejar sus productos a la buena de Dios y prefieren cuidarlos.
Las más, porque con los años se han acostumbrado a un horario de trabajo: en la madrugada comienzan a descargar los botes de pesca, llegan las verduras para la compra al por mayor y se hace la repuja de objetos diversos para la reventa.
Como dice uno de los asiduos del lugar, allí "lo que tú traigas, yo te lo compro y después lo vendo".
Por tanto, carretilleros, descargadores, revendedores y hasta voceadores, han conformado una familia en el Terraplén, cuyos miembros se cuidan unos a otros y hasta hacen de abogados cuando de defender a uno de los suyos se trata.
MODUS VIVENDI EN EL TERRAPLEN
Julián Paz vio llegar el auto en que llegamos al Terraplén, a eso de las 9:30 de la noche. Inmediatamente vio la posibilidad de ayudar a alguno de los suyos a vender algo y, de paso, ganarse una "comisión".
Se acercó y percatándose de que éramos "prensa", comenzó a hablar sin que nadie le hubiera preguntado nada.
"Si tú les vas a llegar y les vas a preguntar algo a muchos que andan por ahí, muchos se te van a quedar mirando así -mira fijamente a nuestros ojos-y no te van a decir nada", informa con aires de gran conocedor del ambiente.
"Cuando se den cuenta que tú eres prensa, te van a querer cobrar, porque la gente piensa: esta es de prensa, tiene plata, tú entiendes, porque la identidad de la prensa en el mundo entero es que esa gente tiene plata ...".
Luego siguió refiriendo el estilo de vida de los "residentes". "Yo duermo aquí, aunque yo tengo mi esposa y mis hijos, pero tengo tantos problemas que vengo aquí y yo improviso una cama", sigue informando. "No importa que sea en una tina, en un pedazo de mesa, donde sea...".
Añadió que como él, muchos se asean en un "río" que se llama Caracol y que el agua corre frente al restaurante "La Cascada" en la avenida Balboa.
Utilizan también el hogar Luz y Vida, cercano al sector. También utilizan los baños que alquila el mercado público a 10 y 25 centésimos, según sea el caso, cuando se trata de realizar sus necesidades fisiológicas.
El se gana la vida desembarcando la carga, además de deshielar los botes de pesca y darles mantenimiento y pintarlos.
Los carretilleros, por su parte, cargan las canastas de pescado, las frutas y las cajas que traen los barcos que atracan cerca del Terraplén. Cobran 25 centésimos por cada canasta.
Hoy, cada uno de los entrevistados dice ganar menos que hace unos años, pero el que menos dijo obtener por día, aseguró que gana más de 15 balboas diarios.
VENDEDORES GANABAN ANTES MAS DINERO
Con anterioridad, cuando en el mercado había más movimiento porque allí llegaban los carros del interior que ahora se apostan en el mercado de abastos, había mucho más movimiento, según algunos entrevistados en el área y, por tanto, se ganaba más dinero, justo a la hora en que la mayoría de los panameños está durmiendo en sus hogares.
Aún así, en horas de la madrugada empieza a correr el dinero porque como dice Julián Paz, "el que llegó a vender sus productos, recogió plata en la madrugada; el que llegó a rebuscarse, también; el que compró para su negocio en otro lado, ya dejó su plata aquí".
Para él, "todo el que vive en el Terraplén, vive frustrado, pero no por vivir aquí, sino porque es rebelde en su casa y encontró otro hogar aquí", confiesa Paz, quien dice tener
10 hijos y está en el lugar desde los 13 años de edad. Allí viven cientos de panameños en "habitaciones" que consisten en dos cartones tirados en el suelo, sobre las carretillas que usan para descargar los barcos, en mesas y hasta en el portal de un pequeño puesto de la Policía. Algunos incluso son asalariados de los pequeños comercios del Terraplén.
Otro que duerme en cartones es Raymundo Rodríguez, un "militante de la vida", de 46 años, quien no tiene casa, aunque sí familia. Cuando puede, duerme en una pensión que cobra entre 7 y 8 balboas.
Vive en el Terraplén porque quiere encontrarse a sí mismo, según sus propias palabras. También Mauricio Bermúdez es uno de esos hombres trabajadores que duerme casi toda la semana en un cuartito improvisado, que en realidad es un pequeño depósito. El vive en Alcaldedíaz y como su negocio le exige estar allí desde las 4 de la mañana, debe dormir y asearse en ese depósito.
Tiene un cubo con agua con el cual se baña y lava su ropa interior que, dicho sea de paso, nos mostró para que viéramos que estaba limpia. "Ya éste está para ponérmelo mañana", dijo señalando un calzoncillo. En su "dormitorio" hay pasta de diente, cepillo y jabón de baño.
El vende verduras y frutas en el sector desde hace más de 40 años, si bien asegura que ahora la ganancia es menor porque en cuando él se inició en el negocio, había muy poca competencia. Lo que antes se dividía entre 10 vendedores, ahora se divide entre 50. Muchos, como él, pagan impuestos al Municipio.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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