EL DEL PASADO jueves 2 fue un amargo desayuno para los buhoneros de la calle 37 y avenida Perú.
A la A las 9: 00 de la mañana inspectores del Municipio de Panamá estacionaron un camión y sin reparos ni explicaciones arrasaron con las mesas de madera y enseres de Lorenzo Murillo Rivas y sus compañeros de faena.
La semana anterior, Murillo Rivas, quien lleva más de 15 años vendiendo en el área, y sus compañeros, Augusto Barragán Uribe y Percibal Santos, fueron desalojados súbitamente.
¿La razón? El embellecimiento de la ciudad de Panamá, objetivo que se propone lograr la alcaldía del distrito y para lo cual se busca minimizar la cantidad de puestos de vendedores informales.
Eliécer Barsallo, coordinador de las corregidurias del Municipio de Panamá, prefiere denominarlo "reordenamiento", pero este término no convence a los vendedores desalojados como Percibal Santos.
Este último intentó desarrollar su actividad en los predios del Banco Hipotecario, pero sus "compañeros" le hicieron saber de forma evidente que era un intruso y tuvo que abandonar el lugar.
Santos asegura que en sus 32 años de vender frutas y refrescos jamás había pasado por una situación semejante.
Más que nada porque pone en riesgo su economía y el sustento de su hijo diabético de 13 años, por el cual cotizaba voluntariamente a la Caja de Seguro Social.
También desde la otra cara de la moneda, Augusto Barragán asegura que por más de cinco años él y sus compañeros intentaron solicitar la autorización para los puestos de buhonería, pero en la Alcaldía la respuesta siempre era misma: "pague su paz y salvo, compre los timbres fiscales y luego le avisamos".
El modesto puesto de Barragán era de vista obligada para los intelectuales, a quienes vendía e intercambiaba libros por más de ocho años.
Las autoridades, según Lorenzo Murillo, nunca les dieron una orden de preaviso, por lo que la primera vez que fue desalojado perdió los B/.60.00 que había invertido.
Este vendedor tiene mucho de qué preocuparse. Es padre de cuatro niñas y uno más que vendrá en camino.
"Estamos a unos cuántos días para el inicio de clases y no tenemos nada, ni siquiera la esperanza de reunir unos reales para comprar los útiles escolares", comentó el afectado.
Eliécer Barsallo, asegura que la situación no necesariamente fue una sorpresa, pues desde hace un año los buhoneros de la calle 37 estaban advertidos de que serían reubicados en otros puntos.
Barsallo defiende la decisión "salomónica" tomada por la alcaldía de Panamá para embellecer la ciudad, aunque aseguró que analizarán la condición de los vendedores desalojados que tengan más de 15 años de realizar esta actividad.
Un reordenamiento que toca el bolsillo de gente humilde
Al proyecto de embellecer la ciudad capital se contrapone el hecho de que familias que viven de la buhonería queden sin sustento.